El oficio de compilar

Ha hecho un alarde de audacia, dándonos a conocer al Paz más insumiso.

Hace algún tiempo, Juan Federico Arriola, distinguido investigador del Departamento de Derecho de  la Universidad Iberoamericana, me  invitó a presentar su libro La filosofía política de Octavio Paz (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2008). Si bien éste posee méritos indiscutibles, afirmé, me parecía excesivo hablar de una “filosofía política” del premio Nobel mexicano.

Nunca tuve dudas sobre el sentido de mi apostilla, pero la reciente publicación del Itinerario Crítico (Conaculta/Senado de la República, 2014) ha confirmado mi punto de vista. La antología de textos, realizada por Armando González Torres, nos muestra, como lo destaca el compilador en su introducción, que aunque Paz “dedicó mucho tiempo al debate y la reflexión política, estuvo lejos de convertirse en un especialista: era un poeta que no pretendía escribir de política por competencia profesional, sino por obligación moral”.

Pero el Itinerario es más que una confirmación del comentario que hice a Arriola en su momento: es una muestra de que el ejercicio de compilación requiere oficio. Con una minuciosidad que los lectores de Paz agradecemos, González Torres buceó entre sus artículos y cartas para ofrecer —como lo exige una auténtica antología— lo más destacado de su producción política. Nos recuerda, eso sí, que Paz nunca se afilió a ningún partido ni ocupó cargos relevantes, si bien “sus opiniones en la materia generaron instituciones, despertaron controversias y fueron una guía de la agenda pública de las últimas décadas del siglo XX”. La antología se divide en tres secciones, organizadas por criterio cronológico. Cada una de ellas incluye artículos publicados lo mismo en Novedades que en El Nacional; en Plural, que en Vuelta. Algunos están entresacados de El ogro filantrópico y, otros, de Tiempo nublado, de Pequeña crónica de grandes días o de Posdata. Entre los más significativos está “Ética del artista”, dado a conocer por Barandal cuando Paz tenía, apenas, 17 años.

Parece natural que se incluya “Los centuriones de Santiago” o “El plagio, la plaga y la llaga”, pero llama la atención que otros textos se adjetiven como “políticos”… Aquí radica, precisamente, el reto que asumió González Torres: reinterpretar a Paz. Sociología, historia y hasta filosofía pueden tener una lectura política, anuncia desafiante.

Conocido ya por sus lúcidos ensayos, así como por sus libros de prosa poética —La peste, Sobre perdonar…—, González Torres ha hecho un alarde de audacia con este Itinerario, dándonos a conocer al Paz más insumiso. Anexó,  por ejemplo, un informe que, en su carácter de embajador de la India, remitió al secretario de Relaciones Exteriores —su jefe— respecto a los acontecimientos que se

desencadenaron en México en 1968. Solicita que se le ponga “a disponibilidad” y se compromete a guardar discreción, así sea temporalmente: “No quisiera decir aquí, en donde he respetado a mi país por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en México: no estoy de acuerdo, en lo absoluto con los métodos empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud”.

De Octavio Paz se ha dicho, prácticamente, todo. Al menos, en lo que a nuestra generación respecta. Por ello, debemos agradecer a González Torres que, a través de una certera búsqueda, selección y recontextualización de la obra paziana, nos permita echar una mirada fugaz a la faceta política de uno de los mayores poetas que dio la lengua española en el siglo XX.

Twitter: @GLaveaga

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