¡Así no, don Andrés!

Nunca me he formado en las filas del antipejismo. Tampoco simpatizo con el partido de un solo hombre. Reconozco, sin embargo, que Andrés Manuel López Obrador es el político que mejor ha capitalizado el descontento por asuntos como la Casa Blanca, el Tren Bala, ...

Nunca me he formado en las filas del antipejismo. Tampoco simpatizo con el partido de un solo hombre. Reconozco, sin embargo, que Andrés Manuel López Obrador es el político que mejor ha capitalizado el descontento por asuntos como la Casa Blanca, el Tren Bala, Ayotzinapa, la segunda fuga de El Chapo o el mediocre crecimiento económico.

Allí están las encuestas que ya lo ubican como un sólido contendiente en la elección presidencial del 2018.

Pero López Obrador ha fluctuado entre la institucionalidad y el radicalismo, según sea el caso.

Ejemplos de lo primero sobran: en la promoción del proyecto del nuevo Aeropuerto moderó su lenguaje. Se refirió al “licenciado” Enrique Peña como el “titular del Ejecutivo.” No habló de “la mafia en el poder” y hasta pidió audiencia en Los Pinos.

Hay más: en la coordinación de la bancada del PRD en San Lázaro puso a Rocío Nahle, una mujer que sabe escuchar y dialogar. Hace poco escuché a uno de los diputados picudos del PRI decir que si la relevaban del cargo, sería “una tragedia”.

Al trasnochado de Martí Batres lo movió de la presidencia nacional de Morena y lo puso en el DF. Otro acierto, sea cual fuere el motivo por el que lo quitó.

El radicalismo de Batres poco ayuda a ganar la confianza en la franja de inconformes que quieren un cambio de México, pero le tienen miedo al líder de Morena.

Pero luego Andrés vuelve a ser el Mesías Tropical, como lo bautizó Enrique Krauze. El periódico Reforma dedicó ayer su nota principal a la versión de que El Peje pondrá diablitos para reconectar la luz a pobladores de Tabasco que la tienen cortada por no pagar.

Andrés Manuel lo negó en entrevista con Ciro. Dijo que el referido periódico no informa, sino que imagina lo que va a hacer. “Eso de poner diablitos no es así. No voy a regalar la luz”, aseguró.

Por la tarde, sin embargo, se reportó que El Peje dio el banderazo, en la plaza de Armas de Villahermosa, a 20 camionetas de brigadas de resistencia civil, para apoyar a los tabasqueños a los que la CFE les ha cortado la luz.

A Ciro le dijo que se trata de una “acción de resistencia civil pacífica” originada en una promesa no cumplida del gobernador, Arturo Núñez, de dar una solución a los que les cortaron la luz por no pagar.

Esa primera acción como presidente nacional de Morena —lo eligieron el domingo— es un monumental error. Da argumentos a los que presentan a López Obrador a imagen y semejanza de Nicolás Maduro o Hugo Chávez.

Fomentar la cultura del “no pago” en nada ayuda al país. Ayudar a reconectar la luz a los morosos, por pobres que sean, conlleva riesgos de que cunda el ejemplo.

Es el llamado efecto dominó.

En otros estados podrán preguntarse con justa razón ¿Si en Tabasco se pudo por qué aquí no? ¿Si con la luz se pudo, por qué no también con el agua, el gas u otro servicio?

En su papel de defender a los pobres, pareciera que a Andrés le importan un comino los que sí pagan.

No me queda más remedio que reconocer lo justo del comentario que le escuché ayer al diputado del PRI Jorge Carlos Ramírez. “López Obrador está llamando a dañar instalaciones. Pone en peligro a personas. Es una clara provocación”, dijo.

Ramírez Marín nos dijo que hay un acuerdo con el gobierno de Tabasco y la CFE de no cobrar a los que deban un recibo por abajo de 23 mil pesos. Los que deben más pueden renegociar el pago.

Según Reforma, 60 por ciento de los morosos firmaron los convenios y reanudaron los pagos. Otro diario, El Financiero, calcula en 400 mil los que no han pagado en Tabasco.

  • Ocurrió hace casi un lustro. Un narcoempresario pasó a las autoridades municipales de Torreón una advertencia para la periodista Isabel Arvide. “Avísenle a esa vieja (Isabel Arvide) que la van a matar”.

Los narcos no querían a la periodista en territorio de Coahuila por haber “vendido” al entonces gobernador de la entidad, Humberto Moreira, un modelo de seguridad que consistía en militarizar las secretarías de Seguridad Pública, según funcionarios del municipio de Torreón.

El famoso “Modelo Coahuila”.

Arvide, además, había recomendado al gobernador nombrar en la SSP del estado al polémico general Carlos Bibiano Villa Castillo, quien después emigró a Quintana Roo.

El militar, famoso por sus desplantes verbales, le dijo a la perodista Sanjuana Martínez: “Si yo veo un zeta lo mato, me lo chingo. Hay que romperle la madre al cabrón que ande mal”. (La Jornada, 13 de marzo del 2011).

La amenaza quedó en eso. Isabel Arvide acaba de cumplir años. Está acostumbrada. Lleva cuatro. Pero lo arriba expuesto ilustra el clima que, entonces, prevalecía en esa localidad de Coahuila.

Torreón era la tierra de nadie. El oriente de la ciudad era un campo de batalla entre Zetas, Chapos y Los Ochoa. Los homicidios eran cosa de todos los días. Sumaron 761 en el 2012.

A la policía municipal la controlaba el narco, había mil en la ciudad. 500 no quisieron certificarse. 250 no pasaron el antidoping. Otros 249 no pasaron el polígrafo. Sólo una oficial pasó las dos pruebas.

Cuatro años después, el alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís presume haber bajado la cifra de homicidios a 109 en lo que va del 2015.

Los mil elementeos de la policia municipal están hoy “certificados y capacitados”. Se han creado siete mil 500 empleos en lo que va del año y lo chavos “han recuperado la vida nocturna”, agrega muy orondo.

Riquelme, adivinó usted, se quiere sentar en la silla de Moreira en 2017 y, al parecer, trae el apoyo del gobernador.

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