De la autocrítica a la autocomplacencia

El mensaje político tuvo un destinatario: López Obrador. El Peje ya está de nuevo en las encuestas sobre 2018. Es competitivo.

Me gustó el tono autocrítico del presidente Peña al inicio de su mensaje con motivo del Tercer Informe de Gobierno. Parecía anunciar algo diferente.

Eso de reconocer que la sociedad está lastimada por temas como Ayotzinapa, la fuga de El Chapo, la corrupción o por las denuncias sobre conflictos de interés, en las que se vio involucrado el titular del Ejecutivo, no es cosa de todos los días.

Habló, incluso, de la preocupación de la sociedad por la caída de los precios del petróleo y el “movimiento” del dólar que, si bien son provocados por factores externos, inquietan a los ciudadanos por el impacto en su bolsillo.

Pero se quedó corto. Conforme avanzó su larguísima alocución —duró dos horas—, el Presidente cambió el tono hasta convertirse en autocomplaciente.

Vinieron las cifras que no corresponden con el humor social que describió al arranque de su mensaje. Según él vamos bien en combate a la pobreza, educación, seguridad, empleo y salud.

Se apoyaba en cifras parciales del Coneval o en las del Inegi.

El mensaje político tuvo un destinatario: Andrés Manuel López Obrador. El Peje ya está de nuevo en las encuestas sobre 2018. Es competitivo.

Por eso, el Presidente se detuvo unos momentos para alertar a la población contra “populistas y demagogos” que ofrecen “soluciones mágicas”, pero que cuando llegan al gobierno no sólo empobrecen a los ciudadanos sino que los dividen.

  • De las diez medidas anunciadas por el Presidente para la segunda parte de su sexenio nos brincó la que tiene que ver con los bonos para la educación que se van a colocar en la Bolsa, a fin de agregar 50 mil millones de pesos a los programas de “escuela digna”.

Ya veo la polémica y los señalamientos de que es una vía para privatizar la educación.

La que más me gustó es la décima. Esa que promete que el gobierno se va a apretar el cinturón para no tocar los programas que benefician a la sociedad. Ver para creer.

El anuncio de la creación de la Secretaría de la Cultura también llamó la atención. Ya se mencionan nombres para encabezarla. Escuché dos al vuelo: José Narro, rector saliente de la UNAM, y Rafael Tovar y de Teresa, titular del Conaculta.

  • El perredista Jesús Zambrano aprovechó su primer acto en Palacio Nacional como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados para plantear personalmente al jefe del Ejecutivo la necesidad de que los informes se rindan frente al Congreso.

Y es que ese ejercicio de ”rendición de cuentas” —así lo manejaron en Presidencia— lo hace actualmente el Ejecutivo ante un conjunto de invitados proclives al aplauso y no a la crítica.

“Lo platicamos después”, respondió el presidente Peña, según versión del diputado del PRD a los reporteros.

  • El tema lo platicamos ayer con César Camacho fuera de Palacio Nacional. Le expusimos lo absurdo que nos pareció el extrañamiento que la diputada Yulma Rocha Aguilar le hizo a Zambrano, luego de que propusiera el regreso del Presidente al Congreso para dar el informe.

Lo acusó de “traicionar la confianza” que una mayoría de los diputados depositaron en él.

Camacho reviró:

“No fue por eso (el extrañamiento), sino por una reincidencia: desde el día que asumió la presidencia de la Mesa Directiva Zambrano hizo juicios de valor sobre el estado del país.

“No le toca. Le dije que como diputado puede decir lo que quiera, pero no como presidente de la Cámara y lo volvió a hacer.

“En el momento en que recibió el informe dijo que es evidente que el país no está bien: la corrupción, la desigualdad, la impunidad…”.

El diputado del PRI nos recitó de memoria el artículo 22, numeral uno y tres, de la ley que rige el Congreso, para recordar que el presidente de la Mesa Directiva no puede expresar opiniones personales o de grupo.

Aunque, eso sí, puso énfasis a la hora de decir que el PRI no pedirá la destitución de Zambrano. “¿Esto lo hace no confiable? No. Para nosotros allí acabó el asunto”, dijo.

El Presidente de la República no rinde su informe ante el Congreso desde 2006, luego del sainete que obligó a Vicente Fox a entregarlo en el vestíbulo, por no existir condiciones para que ingresara al salón de sesiones.

Poco después, los panistas propusieron —y lograron—modificar la ley y eliminar la obligación del mandatario de acudir al Congreso a rendir su informe.

Parece que ahora es el PRI el que no quiere exponer al Presidente a las críticas del Congreso.

Le preguntamos a Camacho su opinión sobre la iniciativa de Zambrano.

“Me encantaría. El problema es que fuimos del día del Presidente al día del antipresidente. Aquello era un diálogo de sordos o sucesivos monólogos. El riesgo de siempre es que algunos no lo cumplan”, advirtió.

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