Pésimo debut del ombudsman

Soy un convencido de que la violencia ensucia la protesta social legítima. Lo que vimos ayer en las defeñas avenidas Reforma y Florencia, después de una manifestación pacífica, le resta apoyo popular a un movimiento que se extiende por todo el país para exigir un ...

Soy un convencido de que la violencia ensucia la protesta social legítima. Lo que vimos ayer en las defeñas avenidas Reforma y Florencia, después de una manifestación pacífica, le resta apoyo popular a un movimiento que se extiende por todo el país para exigir un milagro: la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Transformar el Distrito Federal en un inmenso Chilpancingo —localidad emblema del vacío de autoridad— no ayuda a los familiares de los chamacos pelones de Ayotzinapa, ejecutados y reducidos a cenizas, en el marco de una guerra entre bandas del crimen organizado, según versión de la PGR.

Las escenas eran escalofriantes. Los anarcos destrozaban, una tras otra, vidrieras, sucursales bancarias, cajeros automáticos, tiendas de conveniencia. Arrancaban bancos, botes de basura, cualquier cosa que pudiera servir de proyectil, sin ser molestados por la policía.

Ya empiezan a registrarse señales de hastío en una población que se siente desamparada frente a los desmanes y agresiones de estos chavos a los que se les da licencia para hacer añicos lo que encuentran a su paso.

La impunidad con la que actúan es combustible puro para escalar en los destrozos. ¿Cuánto falta para que se les ocurra atacar las casas de los ricos?

“Este tipo de manifestaciones ya ha llegado a su límite. Se están metiendo con la población civil, con sus bienes, sus posesiones, sus derechos. Las autoridades están ciscadas. No quieren intervenir”, nos dijo el senador del PRI, Omar Fayad, presidente de la Comisión de Seguridad.

Su coordinador parlamentario, Emilio Gamboa, coincide que México no puede aceptar que los violentos ataquen lo mismo a bancos que a tienditas. “Las autoridades tienen que actuar. Esa es su función”, recalcó.

Ambos tienen razón. No podemos aceptar estos métodos como forma de protesta. Ya lo decía Isaac Asimov, escritor y bioquímico ruso-estadunidense: “La violencia es el último recurso del incompetente”.

El senador del PRD Alejandro Encinas intuye que el vandalismo puede servir para justificar una salida autoritaria del régimen y distraer la atención de las demandas y preocupaciones centrales.

Él observa dos tipos de provocadores en los desmanes del lunes: los ultra-izquierdistas y los “infiltrados” interesados en provocar un mayor malestar en la población.

Encinas sabe de lo que habla. Era jefe de Gobierno cuando el larguísimo plantón obradorista de 2006 en Reforma.

  • Las autoridades no quieren mártires ni lastimados en las filas de los anarquistas. Están aterradas, amedrentadas, nulificadas.

Son pocos, muy pocos, las cibernautas que en redes sociales se elevan para ponerse al lado de 99% de los mexicanos que rechazan la violencia. Twitter y Facebook son territorio de radicales.

El jefe de Gobierno del DF, Miguel Mancera, dijo ayer que sólo se utilizará la fuerza pública para proteger a personas o establecimientos. ¿Y los de ayer qué eran? ¿Animales y árboles?

¿Por qué no protegieron los establecimientos dañados? Una respuesta es recurrente: o quieren darle su herido, su lastimado, su muerto a los manifestantes.

  • Oficialmente fueron siete sucursales bancarias dañadas y cuatro establecimientos mercantiles.

Sólo tres chavos, de 18 años, fueron detenidos por los desmanes. Damián Pérez Lara, estudiante de Filosofía y Letras de la UNAM; Ariel Flores Pérez, de la vocacional 9 del Poli; Óscar Espinosa, del CCH Oriente. Increíblemente son los únicos detenidos por los desmanes la noche del lunes. Pero los bulldozers eran más, muchos más.

A los tres se les acusa de ataques a la vía pública, portación de objetos para agredir y ultrajes a la autoridad. No son delitos graves. Podrán salir si pagan una fianza que no supera los seis mil 500 pesos. 19 mil 500 pesos bastarán para devolverlos a la calle y a la siguiente tropelía.

Los ataques a la paz pública dejaron de ser delitos graves desde que los asambleístas del PRD, encabezados por Antonio Padierna, hermano de la senadora y presidente de la Comisión de Justicia, modificaron el Código Penal del DF. En esta historia surge otro nombre: Ariadna Montiel, operadora estrella de René Bejarano.

  • Pésimo debut de Luis Raúl González Pérez como ombudsman. Confundió el papel de la CNDH y con el de la CNPV  (Comisión Nacional de Protección de Vándalos). Se le olvidó que su función es evitar los abusos de poder y no proteger el poder de destrucción de los seudo anarcos.

Los 20 visitadores de Derechos Humanos enviados a observar la manifestación del primero de diciembre, no sólo formaron un muro para proteger a los que rompieron todo lo que encontraron a su paso en avenida Reforma y en Florencia, sino que negociaron que les abrieran las puertas del Metro Hidalgo para que los encapuchados se pudieran retirar tranquilos.

Nada hicieron, sin embargo, para proteger los bienes destrozados por los vándalos.

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