El striptease de la izquierda
La calle no le funcionó a la izquierda. Lo había vaticinado Cuauhtémoc Cárdenas en charla con Jesús Ortega. Aquí lo escribimos. El ingeniero no se equivocó. El “cerco patriótico” al Congreso lo único que mostró es que Morena no tiene la fuerza ni el dinero ...
La calle no le funcionó a la izquierda. Lo había vaticinado Cuauhtémoc Cárdenas en charla con Jesús Ortega. Aquí lo escribimos. El ingeniero no se equivocó. El “cerco patriótico” al Congreso lo único que mostró es que Morena no tiene la fuerza —ni el dinero— para arrastrar masas, y que el tema del petróleo moviliza mucho menos de lo que pensaba.
En los mejores momentos de la protesta, no rebasaron los tres mil. Ni con los refuerzos de la CNTE. Y somos generosos en el cálculo. Por momentos no eran ni mil. Por allí anduvimos esos días. Lo atestiguamos.
Nos han querido convencer de que el infarto de Andrés Manuel López Obrador explica lo raquítico de la asistencia. “Su ausencia fue determinante”, escuché en boca de más de uno. “Quizá con mi padre el movimiento hubiese sido más numeroso”, reconoció ayer Andrés Manuel López Beltrán.
No dudo de que si el tabasqueño hubiese estado al frente habría sido más exitoso el famoso cerco, pero estoy convencido de que ni con él habrían mostrado el suficiente músculo para hacer retroceder al gobierno federal sobre la apertura del sector energético a la inversión privada.
La tarde que asistí a la conferencia de prensa donde los médicos confirmaron lo delicado del padecimiento del Peje, imaginé una gran ola de respaldo en las calles. Una y otra vez hemos visto que está en la naturaleza del mexicano solidarizarse con el que sufre. El Peje, además, tiene arrastre.
El llamado de Andrés Manuel López Beltrán a asistir al cerco reforzó mi equivocada impresión. “Esa es la mejor forma de solidarizarse con mi padre”, dijo el Pejito, horas después del infarto. Pero nada. No pegó.
Uno de esos días me topé con el equipo de la célebre cadena árabe de televisión Al Jazeera en el Senado. Alan Ranney y José Fernández estaban impactados por los enormes huecos en el cerco. “Hay más periodistas que manifestantes”, comentó el primero, desconcertado.
El fracaso del cerco no es para festejar. El gobierno federal necesita contrapesos reales para evitar caer en el autoritarismo y Morena es, potencialmente, uno de ellos. Lo que afirmamos, sin temor a equivocarnos, es que lo ocurrido encueró la fragmentación de la izquierda.
■¿El Pacto? “Ni para qué hablar de él en este momento porque está muerto”, dijo ayer Jesús Zambrano, presidente del PRD, al término de ese ejercicio tan inútil como irritante para los capitalinos: las 75 horas de caminata de unos cuantos perredistas en protesta por la “privatización” del petróleo.
A la vuelta y vuelta entre El Ángel y la Glorieta de La Palma. Lo único que lograron fue desquiciar el tráfico en la zona y enfadar más a los lugareños.
Tampoco sirvió de mucho el circo que armaron los legisladores de la izquierda —striptease incluido— en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Cambiaron de edificio la sesión —sin necesidad de trasladarse a otro lugar— y el asunto quedó solucionado.
La Reforma Energética completó su ciclo en el Congreso de la Unión. Falta la mitad más uno de los congresos estatales. Tampoco allí parece que habrá problema. El PRI controla la mayoría de los Congresos locales. Le queda una carta a la izquierda. A mi juicio, es la más fuerte: la consulta popular.
El costo para el gobierno y sus aliados sería altísimo si pretendieran sacarle la vuelta al artículo 35, fracción VIII de la Constitución, que consagra el derecho de los mexicanos a ser consultados sobre temas de trascendencia nacional.
■La guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz, se incorporó ya a la plantilla de investigadores externos de la UNAM. Dará cátedra, charlas, conferencias, en el marco del programa universitario México Nación Pluricultural. Felicidades al rector José Narro por este valioso fichaje para su equipo de investigadores, el número uno del país.
■El IFAI está en problemas. La Auditoría Superior de la Federación determinó que el sistema de computación de ese corazón de la transparencia, que es el Instituto de Acceso a la Información, es absolutamente hackeable.
El tema cobra relevancia, ya que hay una investigación en curso sobre los señalamientos a la comisionada Sigrid Arzt en el sentido de que mandó investigar a sus colegas e inició otras solicitudes de información. Ella niega los señalamientos y asegura que le hackearon su computadora.
Por cierto que el IMSS, la SEP y Hacienda son las dependencias más opacas, si nos atenemos al número de solicitudes de información que rechazan, según datos del IFAI.
Es pertinente aclarar que en el caso del Seguro Social el dato puede resultar engañoso. Este Instituto es el que más solicitudes de información tiene. Eso lo convierte también, paradójicamente, en el que más respuestas positivas da.
