“¡No podemos seguir a mentadas de madre..!”

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Francisco Garfias 06/12/2013 02:42
“¡No podemos seguir a mentadas de madre..!”

“¡Estoy tan enojada!”, reconocía, de botepronto, Cecilia Romero. La secretaria general del PAN dejaba fluir su rabia, su impotencia, su frustración, por los difíciles momentos que vive su partido.

“Hay que hacer política. ¡No podemos seguir a mentadas de madre!”, pedía la experimentada dirigente del azul, en charla con este reportero.

Su lenguaje no era el de una persignada. Mucho menos de una yunquista. La secretaria general del PAN hablaba como una militante disgustada con el espectáculo de división y golpes bajos que ha ofrecido su partido desde que perdió el poder federal.

Es una guerra civil que arrecia en los momentos en los que el presidente Peña pasa por su peor momento en materia de popularidad. “Nos estamos peleando, en lugar de aprovecharlo”, subrayó.

Romero sabe que está a un tris de convertirse en la primera mujer en presidir el partido. Es la número dos de Acción Nacional. Si Gustavo Madero decide ir por la reelección y deja el cargo como prometió (piso parejo obliga), no habrá poder en el mundo que le impida llegar. Está en los estatutos.

El jefe nacional no parece tener elección. Se tiene que separar del cargo si quiere contender. Ya no es interlocutor. Es parte interesada.

Cecilia quiso ser jefa nacional hace tres años. No llegó. Hoy está a un paso lograrlo, aunque sea sólo por tres meses.

“Voy a ser presidenta del partido, a menos que Madero decida no pedir licencia. Si llego, padrísimo. Sería un gran honor, y si no, pues no pasa nada”, agregó resignada.

La experimentada panista no entiende el juego de algunos corderistas. Abandonaron la sesión del Consejo Nacional el sábado anterior y reventaron el quórum. Eso impidió que se instalara el comité de los “siete sabios”, llamado a establecer reglas imparciales en la primera elección directa del presidente del partido.

Todo el proceso interno se retrasó. De por sí el próximo presidente del PAN permanecería sólo 18 meses en el cargo. No los tres años. Ahora sólo será por 15 meses. “Se acorta su posibilidad. No tiene lógica”, nos dijo.

Luis Felipe Bravo Mena ya tenía el visto bueno del gobierno de Peña Nieto. El ex presidente del PAN quería ser cónsul en Barcelona. Respirar el aire de la Ciudad Condal y estar cerca del Mar Mediterráneo le venía bien al ex embajador en el Vaticano.

El hombre, sin embargo, no contaba con la decisión irrevocable de su esposa. Le dijo que si quería ir a Barcelona, lo haría solo. Ella no se movería de México. Cuestión de prioridades. Bravo Mena no dudó. El nombramiento se vino abajo, nos cuentan.

Ya que estamos. Nos enteramos ayer de que nuestra amiga Gabriela Cuevas, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, quiere dejar a los diputados de la Comisión Permanente fuera de la ratificación de embajadores y cónsules durante los periodos de recesos. Argumenta que la política exterior es facultad exclusiva del Senado.

A varios de sus compañeros se les pararon los pelos de punta. La Permanente es el organismo que se encarga de las tareas correspondientes a las cámaras de Diputados y Senadores cuando están en receso.

Entre sus funciones está, cito textual, “ratificar los nombramientos que el Presidente haga de ministros, agentes diplomáticos, cónsules generales, empleados superiores de Hacienda, coroneles y demás jefes superiores del Ejército, Armada y Fuerza Aérea nacionales”.

Nos asomamos al evento que en el Auditorio Nacional organizó Miguel Mancera con motivo de su primer año al frente del gobierno capitalino. Destacó la ausencia de su predecesor, Marcelo Ebrard. Tampoco asistió el presidente del PRI-DF, Cuauhtémoc Gutiérrez.

La convocatoria, sin embargo, fue buena. En las primeras filas, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Se le veía contento. Para nada cara de enfermo. Muy cerca, Jesús Zambrano. “Estamos pendientes y preocupados”, nos dijo, sin abundar en detalles.

El rector José Narro parecía imán. Atraía a todo mundo. Vimos también a Edgar Elías Azar, presidente del Tribunal Superior de Justicia del DF; Porfirio Muñoz Ledo, Juan Ramón de la Fuente, el obispo Chedraui, Manuel Granados, presidente de la Comisión de Gobierno de la ALDF; el panista Federico Döring, la priista María de los Ángeles Moreno, la petista Miriam Saldaña, integrantes de su gabinete…

El jefe de Gobierno habló largo y tendido. Fue interrumpido por un integrante de la Asamblea Contra el Alza del Metro. Sus gritos fueron ahogados por la nutrida porra del Sindicato de Trabajadores del GDF, que empezó a corear. “Mancera, amigo, la ciudad está contigo”.

El jefe de Gobierno detuvo su mensaje. Volteó hacia donde venía el barullo y dijo: “Tu protesta la escuchamos. Te pedimos que nos dejes terminar. Esta ciudad escucha a todos”.

La verdad, no se escuchó nada. No lo dejaron expresarse los del sindicato. Sus gritos se impusieron. Después nos enteramos de quién era y qué pedía: una consulta sobre el alza del Metro.

Luego de dar a conocer lo que su gobierno ha hecho en diversos rubros, el jefe de Gobierno reconoció que 2013 ha sido un “año difícil”: Bar Heaven, disturbios, la CNTE, bloqueos, anarcos, críticas a su policía… “Vamos a seguir con valores progresistas, pero sin permitir que la violencia destruya lo que hemos construido con la reflexión”, subrayó.

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