Ni derecha, ni izquierda

El auge de los populismos se debe a ciudadanos cansados de gobiernos corruptos, ineficientes, promesas incumplidas y beneficios raquíticos. 

Por Jessica De Alba Ulloa*

Con el triunfo de Donald Trump y el referéndum en Reino Unido que resultó en Brexit, lo que puede venir es Marine Le Pen en Francia y Andrés López (AMLO) en México. ¿Por qué? Las posturas son igual de demagógicas y populistas, aunque ideológicamente estén en lados opuestos del espectro político. Esto se retrata en partidos de izquierda y de derecha que merman a los partidos tradicionales de centro, como en Finlandia, Suecia, Hungría, Grecia y España. En América también hay cambios a la derecha que responden al populismo: las elecciones parlamentarias en Venezuela en contra de Maduro; Mauricio Macri en Argentina, después de los desastres de los Kirchner; la corrupción en Brasil; el freno en Bolivia para la reelección permanente de Evo Morales; en Chile, la reelección de Michelle Bachelet con políticas de derecha.

Más que una agenda ideológica, son ciudadanos cansados de gobiernos corruptos, ineficientes, promesas incumplidas, mayores impuestos y beneficios raquíticos. Estados Unidos es la mejor prueba. Los resultados de las relaciones entre ese país y su socio México tendrán un impacto en la elección en 2018, no por la persona de Trump, sino por los resultados económicos que se trasladen al país.

Ya empiezan a moverse algunas piezas. De una reunión entre asesores de Trump y un grupo de empresarios mexicanos se reveló la intención de incrementar el comercio. Quizá hasta mayores beneficios se alcancen, comparados con las administraciones demócratas.

El equipo de Trump solicitó una lista de los empresarios estadunidenses con relaciones cercanas con sus contrapartes mexicanas, en búsqueda de un embajador para México. Tema sensible por las promesas del muro, la salida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y los insultos contra los mexicanos.

Si Trump continúa con su particular estilo de políticas “disruptivas” (término utilizado por Robert Gates, exsecretario de Defensa, y por Eric Rojo, analista político-militar), sus elecciones en puestos y políticas responderán a un pragmatismo para reformar las burocracias, el funcionamiento del gobierno y las políticas económicas. Esto no será necesariamente un retroceso en la relación con México.

Para la embajada, los medios han mencionado algunos nombres que no responden a la típica elección de diplomáticos. Se habla de Al Zapanta, presidente de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, quien se declaró a favor de Trump; otro es el millonario texano Toby Neugebauer. También se menciona a Larry Rubin, presidente de la American Society of Mexico y representante del Partido Republicano en México, y al exprocurador general Alberto Gonzalez, de origen mexicano.

Aunque la elección del embajador importa, muchas de las decisiones cruciales pasan por encima de las embajadas. Lo verdaderamente importante será la preparación del gobierno mexicano. Si México fue tratado como lo fue durante la campaña, no es por responsabilidad del Presidente electo, sino por la irresponsabilidad de nuestros gobiernos, nuestras instituciones corruptas y nuestra pasividad ante los temas que dañan a la sociedad, como la violencia y la descomposición del tejido social. Mientras no seamos un país en serio, nadie nos va a tomar como tal.

Esperemos pues que la Presidencia de Trump sea, ante todo, una oportunidad para mejorar.

*Investigadora, Facultad de Estudios Globales -Universidad Anáhuac México

forointernacional@anahuac.mx

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