Yemen: radiografía de un colapso

Es posible que sus pozos de agua se agoten antes que su petróleo.

Juan Arellanes*

En 2005, Robert Kaplan publicó Imperial Grunts, un elogio a la guerra contra el terrorismo. El épico relato inicia en Yemen en 2002. Tras visitar lugares remotos, poblados por jóvenes armados, Kaplan se preguntaba: “¿Cómo va EU a enfrentar esa muchedumbre?”

En 1986, Yemen comenzó a producir petróleo y el futuro parecía prometedor. El ingreso per cápita aumentó, y un país que vive fragmentado políticamente desde hace tres mil años alcanzó algo parecido a un gobierno central funcional. En 2001, el dictador Saleh suscribió la guerra contra el terrorismo por presión de EU, ganándose poderosos enemigos internos. En 2009, EU, con el aval de Saleh, inició una campaña de bombardeo de campamentos de Al-Qaeda de la Península Arábiga (AQPA) por medio de drones, rica en “daños colaterales”. EU considera a AQPA como la rama más peligrosa de la organización terrorista. Las revueltas de la Primavera Árabe debilitaron a Saleh. Su sucesor Hadi, con un gran respaldo militar de EU, recuperó el control de la sureña región de Amyan. En 2014, Obama presumía a Yemen, el país árabe más pobre, como un caso exitoso en la guerra contra el terrorismo.

Yemen alcanzó su Peak Oil en 2001, con una producción de 441 miles de barriles de petróleo diarios (mbpd). Para 2013 la producción había caído a 131 mbpd. En 2000, Yemen exportó más de 18 millones de toneladas (MT) de petróleo crudo que se redujeron a 9 MT, en 2010, y a 6 MT, en 2012. El consumo yemení de productos derivados del petróleo aumentó 83% entre 2000 y 2010 (pasó de 3.1 a 5.7 MT), pero en 2012 se redujo a 5 MT y sigue cayendo. El petróleo, que se agota aceleradamente, ha representado en las últimas décadas más de 70% de los ingresos del gobierno.

En 2007, cada yemení consumió en promedio 160 m3 de agua al año, una de las cifras más bajas del mundo. Se estima que las escasas lluvias sólo aportan 70% del consumo anual del país, por lo que los acuíferos fósiles se explotan aceleradamente. El verdadero drama de Yemen radica en que es posible que sus pozos de agua se agoten antes que su petróleo, lo cual podría ocurrir antes de 2020.

Las importaciones de trigo pasaron de 1.56 millones de toneladas (MT) en 2000 a 2.68 MT en 2011. Yemen produce menos de 5% del trigo que consume. En 1986, cuando comenzó a producir petróleo, la población de Yemen era de diez millones. En 2013 eran 24.4 millones. Desde que inició el siglo XXI, Yemen incrementa su población en más de 500 mil habitantes cada año. Más de seis millones de yemeníes son jóvenes de entre 15 y 24 años: en su mayoría desempleados, con pocas perspectivas de futuro y fácilmente radicalizables. Si agregamos que Yemen es el segundo país más fuertemente armado per cápita (sólo detrás de EU), tenemos todos los ingredientes para el desastre.

No pretendo minimizar el papel de las diferencias étnicas y religiosas en el conflicto. Es cierto que Arabia Saudita no permitirá un régimen chiita en su frontera sur y que EU preferirá un régimen aliado para seguir combatiendo a AQPA. Pero tales elementos sólo acelerarán un colapso previsible causado por razones termodinámicas. El espejismo del petróleo llevó a un crecimiento demográfico que superó largamente la capacidad de carga del ecosistema yemení. El desierto no puede alimentar a tanta gente y ya no habrá ingresos para pagar las importaciones de trigo y arroz.

Sin importar qué facción quede en el poder, la situación se degradará cada vez más, a menos que se comprenda realistamente qué es lo que ocurre y se actúe en consecuencia. Algo difícilmente esperable viendo la situación en Afganistán, Somalia, Irak, Libia, Egipto y Siria.

* Profesor de Geopolítica de la Facultad de Estudios Globales, Universidad Anáhuac México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

Temas: