Hasta pronto

Durante este tiempo hemos hablado de nuestra esperanza en el futuro de nuestro país; del orgullo de nuestra cultura.

COMPARTIR 
Fernando Serrano Migallón 27/03/2014 02:09
Hasta pronto

Justo en este momento, en el que ha llegado la hora de despedir este espacio que por tanto tiempo ha servido de albergue a estas palabras, me vienen a la mente dos frases, dos momentos del discurso de María Zambrano al recibir el Premio Cervantes; el primero es tal vez la forma más diáfana del agradecimiento que se haya escrito: Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro; para hacerme visible y hasta reconocible, permítanme que, una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias. Gracias a Excélsior por su generosidad, a su equipo de trabajo que hace posible la página de opinión del diario, pero gracias a los lectores, a esa sociedad interesada que somos todos y que hace posible el diálogo que enriquece y nos hace más fuertes.

El segundo, en el recuerdo de María Zambrano, que al saber de la caída de Madrid, lejos de la violencia de la guerra, acogida por el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, y como ella decía, “rodeada de jóvenes y pacientes alumnos”, se preguntaba, “¿Sobre qué pude hablarles aquel día a mis alumnos de Morelia? Sin duda alguna, acerca del nacimiento de la idea de la libertad en Grecia”.

En los tiempos que vivimos, esa es una enseñanza fundamental. Hablar de la libertad de hacer y de pensar, de la manera en que los seres humanos asumimos este derecho supremo y esta responsabilidad altísima; libertad de pensar y de decir. Si algo ha transformado a nuestro país en los últimos años es la voluntad de los ciudadanos por hacerse oír, por encontrar espacios y buscar alternativas, por ofrecer soluciones tanto a las instancias de gobierno como a los demás actores de nuestra realidad. La ciudadanización de nuestra vida social implica también cambios en la manera en que se hace y debe hacerse la política, sobre todo cuando se le mira en el sentido de construir el México del mañana.

Salvando las diferencias enormes entre el tiempo y la persona de Zambrano y el momento en que esto escribo, me parece que no podría cerrar este espacio sin hablar, sólo un poco, del tiempo de cambio que hemos vivido juntos y de cómo la presencia de los ciudadanos es la garantía de que las transformaciones no son sólo coyunturales; que trascienden a las personas que las impulsan y las realizan. Hablar en estas últimas líneas, nada más adecuado que evocar el recuerdo de Juárez y sus hombres, cruzando el desierto con la República a cuestas, salvando lo que parecía insalvable y con el ánimo de construir un país más allá de sus propias circunstancias inmediatas y de su imagen frente a la historia; construyendo un país para ciudadanos libres. Ese es el mejor ejemplo del México que queremos: el que resiste a la adversidad y se levanta sobre el trabajo libre de sus ciudadanos.

No son numerosos los ejemplos de este talante en la historia, pero los que existen son suficientes para escribir grandes momentos. Lo vemos en Carranza jugándose la vida por la legitimidad constitucional; en Isidro Fabela defendiendo la República española, a Austria, a Checoslovaquia y a Etiopía, sólo con el poder de la legitimidad y la razón. De eso hemos hablado durante este tiempo privilegiado; de eso y de nuestra esperanza en el futuro de nuestro país; del orgullo de nuestra cultura y de la generosidad de su pueblo de múltiples rostros y voces.

Mi gratitud por su amable lectura. Es reconfortante saber que en nuestro país las ideas se discanten y se hablen con libertad, que, entre todos, como lo decía don Alfonso Reyes, lo sabemos todo.

                *Profesor de la Facultad de Derecho, UNAM

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red