Juan Villoro

Es probable, casi diría seguramente, que él sea el único autor de libros infantiles en la membresía de El Colegio Nacional.

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Fernando Serrano Migallón 27/02/2014 02:59
Juan Villoro

Nada aleja más a las personas de la cultura que la solemnidad y el tedio; la excesiva afectación, el verbo engolado, que disfrazan las deficiencias del saber envolviendo la ignorancia en ceremonia; nada, por el contrario, resulta más atractivo del conocimiento, que la serenidad, el gusto y la curiosidad. El Colegio Nacional, una de las más importantes instituciones culturales de nuestro país, acaba de admitir a un magnífico escritor y periodista: Juan Villoro, que en su ceremonia de ingreso, además de discurrir con sencillez y precisión sobre la poética de López Velarde, trajo a cuento los aires de escritores tan lejanos y al mismo tiempo tan cercanos como Nabokov, Borges y Juan Rulfo.

Al igual que sucede con otras academias, el protocolo de ingreso consiste en presentar un discurso de tema libre, que es saludado y respondido por otro miembro de la institución; desde su discurso, Villoro se presenta de cuerpo entero, con toda la intensidad de su pensamiento y con toda la sencillez de su persona: “Históricas pequeñeces: vertientes narrativas en la obra de Ramón López Velarde”. Decía Alfonso Reyes que hay que desconfiar de quien ignora las cosas pequeñas, porque suele ser enemigo del espíritu. Villoro ha llamado nuestra atención sobre el valor de las palabras, de los hechos retratados en textos que se filtran en la literatura para dejar constancia del tiempo y de los valores.

Sin embargo, hay otros aspectos que nos dan una muestra de la dimensión tanto de Villoro como de la institución que ahora lo recibe; su discurso fue respondido por Eduardo Matos Moctezuma, quien, además, recientemente ha publicado en el Fondo de Cultura Económica la que sin duda es la mayor obra editada en México sobre la escultura monumental prehispánica; de cierto modo dos figuras intelectuales muy diversas, pero hermanadas por su pasión por México, por su rigor académico y por su ejemplar vida ciudadana, dan cuenta del proceso que nos ha permitido afirmarnos como nación desde antes de la conquista y hasta más allá del advenimiento de la revolución social de 1910.

Esta ceremonia es una celebración que no debe pasar desapercibida porque habla de ese otro México que solemos olvidar cuando nos sumimos en la apatía y el desengaño; cuando sólo vemos el lado obscuro de la realidad y nos negamos a aceptar que se puede construir una nación con el fabuloso legado que hemos recibido.

Es probable, casi diría seguramente, que Juan Villoro sea el único autor de libros infantiles en la membresía de El Colegio Nacional; es algo que no muchos lectores saben, pero la pluma de Villoro es causa de un culto entre los lectores más jóvenes de México. Su literatura infantil tiene mucho del paternal cuento nocturno para conciliar el sueño, pero en esa paternal figura, amparada en la luz de la mesa de noche, no es la tradicional, se trata de una literatura provocadora, que reta a la imaginación infantil y que despierta la curiosidad de los lectores que tienen, todavía, más imaginación que historias por recordar.

De entre la bibliografía juvenil-infantil, de Villoro, hay una espléndida novela gráfica que cierra el afortunado encuentro entre el autor y el antropólogo en El Colegio; se trata de La Calavera de Cristal, una épica diminuta entre nuestro patrimonio arqueológico y un alegato a favor de la razón, el valor y el cariño por nuestro pasado. Son estas “históricas pequeñeces” las que hacen la grandeza de nuestro tiempo.

Felicidades a Juan Villoro, sin duda una corriente de viento fresco en el Colegio Nacional.

                *Profesor de la Facultad de Derecho. UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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