La Constitución

La Carta Magna es la suma de nuestros valores y de nuestros deseos como proyecto de nación

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Fernando Serrano Migallón 06/02/2014 01:48
La Constitución

Cada año, alrededor del 5 de febrero, tornamos nuestra mirada hacia la Constitución; la mayor parte de las veces nos dolemos de cuánto es vilipendiada y olvidada; otras más nos dedicamos a lamentar la enorme cantidad de ocasiones en que ha sido cambiada, nos envolvemos en la bandera patriótica por unos días para invocar a nuestros antepasados y, una vez que los discursos han cesado, volvemos a la lentitud cotidiana en la que la Constitución es más bien un telón de fondo.

Sin embargo, el punto nodal de la Constitución, de una discusión seria en torno al papel que juega ese texto en nuestra vida social y política, está en el conocimiento que el público tiene de ese documento, en la forma en que lo entendemos y lo apreciamos; es decir, si alguna carencia tenemos en términos constitucionales, no está en el texto ni en su aplicación, está en la ausencia de identidad entre la Constitución y la sociedad civil. El texto constitucional es la suma de nuestros valores y de nuestros deseos como proyecto de nación; es el documento que certifica nuestra unión como pueblo más allá de las comunidades, etnias y culturas que lo conforman; constituye la consagración de nuestros pactos políticos fundamentales, aquello en lo que todos los mexicanos, por nuestra historia y por nuestra cultura, hemos logrado establecer como acuerdos.

Educar en la legalidad significa proponer a la Constitución como el modelo de nuestro carácter cívico. Hoy, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sido reconocida por las Naciones Unidas por su trabajo en favor de los derechos humanos; cuando nos acercamos a reformas jurídico-políticas de la mayor trascendencia, es bueno recordar que una Constitución no es valiosa por permanecer inamovible mucho tiempo; que es falso que una Constitución reformada es una constitución agredida; al contrario, ese texto recoge los deseos y los consensos en momentos históricos determinados; que es falso que la constitución federal se encuentre en riesgo o que sea un texto que fácilmente puede ser olvidado. Con todos los problemas que enfrentamos, vivimos en un Estado democrático de Derecho en el que los ciudadanos tenemos mecanismos de defensa frente al poder público, y en el que el poder del gobierno se encuentra acotado por márgenes claramente definidos.

En los últimos años, la sociedad ha aprendido mucho sobre normas constitucionales. La postura de la Corte en el sentido de dar a conocer su actividad, la trascendencia de sus resoluciones y la manera en que afectan nuestra vida cotidiana han puesto al derecho constitucional en la discusión diaria; es importante darle contenido y seriedad a esa discusión.

Educar en la legalidad significa que los letrados en Derecho, los actores de la vida jurídica y las autoridades sean claras en su forma de expresarse y el sistema educativo se preste a proporcionar bases y valores cívicos compartidos. Por ejemplo, tendemos a confundir la legalidad —el espacio de normas que emanan de las leyes que dependen de la constitución— y la constitucionalidad —el espacio de normas que fijan los derechos del ciudadano frente al Estado y que limitan el poder de los órganos de gobierno— y por eso es absurdo aunque sea sencillo hablar de Estados fallidos, de ingobernabilidad o de violación a la constitución, cuando la mayor parte de las veces estamos en presencia de violaciones a la ley que pueden y deben corregirse en los niveles básicos de la actividad gubernamental. Afirmamos que los victimarios violan los derechos humanos de las víctimas, cuando en realidad cometen delitos en contra de sus víctimas, porque los derechos humanos son el espacio inviolable que tenemos todos por el sólo hecho de ser humanos, frente a los excesos y a la fuerza del gobierno. Educar en el conocimiento de la Constitución, en el respeto a la Constitución y, desde luego, en la lealtad al texto que nos une, puede ser una propuesta importante en este momento.

Disponemos de un texto constitucional vivo, que constantemente se renueva a través de las resoluciones de la Suprema Corte y que se manifiesta a través de nuestra vida política. El texto que nos dimos los mexicanos hace 97 años y que hoy, como entonces, sigue siendo nuestra suma histórica, nuestro orgullo y nuestra meta como pueblo.

                *Profesor de la Facultad de Derecho. UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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