Día Nacional del Libro

En nuestro país tenemos dos días dedicados al libro; el Día Internacional del Libro fechado el 23 de abril para conmemorar a Cervantes y Shakesperare, también conocemos ese día como la fiesta del libro y de la Rosa, tradición que va ganando adeptos; en esa fecha ...

En nuestro país tenemos dos días dedicados al libro; el Día Internacional del Libro fechado el 23 de abril para conmemorar a Cervantes y Shakesperare, también conocemos ese día como la fiesta del libro y de la Rosa, tradición que va ganando adeptos; en esa fecha conmemoramos también los derechos de autor, el otro fue esta semana, el día 12 de noviembre, en que celebramos el Día Nacional del Libro para honrar la memoria de Sor Juana. Cualquiera diría que los mexicanos somos apasionados de la lectura, tanto, que la celebramos más que a cualquiera de nuestros héroes o, mejor aún, que nuestros héroes son esos tres escritores de dos culturas diversas. Y, en efecto, México posee una antigua y enorme tradición literaria y editorial, una masa lectora de grandes dimensiones, a la que hace falta apoyar y animar. Estas fechas son un buen ejemplo de cómo, a través de la socialización, la lectura se revalúa entre las personas y se convierte en un valor deseable.

El tema de la promoción de la lectura es colateral al tema de la industria editorial y del derecho de autor; si bien en la primera el punto nodal está en la práctica comunitaria del ejercicio lector, en familia y en comunidad, se trata de reconstruir la afición, en la mayor cantidad de personas posibles, en aspectos lúdicos, entretenidos y trascendentes. Por el otro lado, apoyar la industria editorial, fomentar el mercado librero y estimular el derecho de autor, es un ejercicio cuyo objetivo final es que a través de un mercado redituable, más personas tengan acceso a productos editoriales de calidad al menor precio posible; ello pasa, desde luego, por el estímulo a la lectura y por el cumplimiento del derecho de autor, ambos pilares de un mercado sano y equilibrado.

La lectura es una práctica que puede adquirirse a cualquier edad, si bien es cierto que en la medida que pasan los años los vicios y hábitos se vuelven más firmes, en cualquier momento un sujeto puede encontrar el libro que le está destinado y que detonará su conducta lectora, pero también lo es que el mejor momento para adquirir un buen hábito de lectura se encuentra hacia los primeros años posteriores al aprendizaje de la misma. Sin embargo, crear un lector es un misterio; hijos de lectores empedernidos no se acercan a los libros y otros en cuyos hogares no había ejemplares de ningún tipo de literatura encontraron razones para leer en la escuela o en el círculo de las amistades, el hecho es que todos los lectores nacemos del ejemplo de alguien modélico que lee; es una aspiración cultural y debemos convertirlo en una aspiración social; el Estado coadyuva llevando los beneficios editoriales a la mayor cantidad de población posible, pero la lectura, igual que otras prácticas sociales, se realiza a través de elementos dentro y fuera del Estado, dentro y fuera de la familia. El punto está en que para lograr que en un niño madure un lector, es necesario aproximarlo a quienes leen y pueda ver en ellos ejemplos vitales. Las ferias de libro y los días de libro son un buen escaparate para este encuentro.

En México existen 117 ferias del libro que se desarrollan durante todo el año y en todo el territorio nacional; de todos los tamaños, especialidades y fortunas, constituyen en algunos casos auténticas fiestas nacionales y locales; no podemos olvidar que la FIL de Guadalajara es una de las más importantes en lengua española, si no es que la principal para los editores en nuestra lengua; que otras como la del Libro del Palacio de Minería, concitan los recuerdos de la más tradicional de las ferias culturales de nuestro país o la de Aguascalientes que con el premio de Poesía, constituyen los pilares de una de las entidades con enorme potencia cultural; así, la Internacional del Libro Infantil y Juvenil, la de Oaxaca, la de Puebla, la de León, la del libro Politécnico, la Fiesta del Libro y de la Rosa en la UNAM. Todas ellas son auténticas fiestas cívicas a las que nos acercamos con alegría y con expectativa, siempre destaca y gusta la presencia de niños y jóvenes; otras prácticas como las ventas nocturnas del FCE en las que la presencia de los autores es otro aliciente, nos permite afirmar que en nuestro país se lee, no tanto como quisiéramos o tanto como necesitáramos, pero que cada vez, con mayor ahínco y con mayor fortuna, nos vamos ocupando de hacer, de esta práctica, una tarea cotidiana vista con agrado, con placer y como fuente de diálogo y felicidad.

        *Profesor de la Facultad de Derecho

            de la UNAM

            fserranomigallon@yahoo.com.mx

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