Alice Munro

Uno de los rituales culturales más importantes cada año es la revelación del nuevo Premio Nobel de Literatura; las casas de apuestas más prestigiadas del mundo realizan sus cálculos y operaciones que para los legos nos parecen cosa de magia, los aficionados a la ...

Uno de los rituales culturales más importantes cada año es la revelación del nuevo Premio Nobel de Literatura; las casas de apuestas más prestigiadas del mundo realizan sus cálculos y operaciones que para los legos nos parecen cosa de magia, los aficionados a la literatura se dan a conocer y se pronuncian por todos los medios a su alcance, los apasionados a las letras hacen sus pronósticos, cantan las bondades de sus candidatos, recuerdan lecturas y ofrecen, también donde pueden y como pueden, las virtudes de leer a sus autores favoritos. El hecho es que la tradición, que en realidad se cumple, es que el Comité del Nobel nos sorprende cada año designando siempre al que no resulta favorito.

Hay ocasiones en que el premio recae en un autor perteneciente a órbitas completamente fuera de las tradiciones literarias que podríamos considerar dominantes: Europa occidental, Europa oriental, Iberoamérica o Norteamérica; o bien, de espacios idiomáticos también, podríamos decir, fuera del ámbito de las lenguas romances: el chino, el hebreo, el yiddish o el japonés. Entonces, como ocurrió con Mo Yan o, en su momento, con Isaac Bashevis Singer, para nuestro ambiente literario y, más precisamente, para el mundo de los lectores, la revelación se convierte en revuelo y en ocasiones descubrimos tesoros interesantes, como nos sucedió con Naipaul.

Este año la tradición también se cumplió, pese a que el favorito de favoritos, Haruki Murakami, parecía no perderlo, la Academia Sueca se pronunció por la canadiense Alice Munro. Murakami es un autor joven, tendrá más de una oportunidad todavía; más complicado se vuelve para otros autores igualmente merecedores del máximo laurel literario, como Amos Oz o Ismaíl Kadaré. Para la lengua española, y no porque nos falten plumas de altísimo nivel, nos parece que se abre un compás de espera después de que Vargas Llosa fuera reconocido.

Si bien Alice Munro no se inscribe dentro de una tradición literaria ajena a nuestro entorno, sí constituye una llamada de atención sobre lo que la crítica tradicional considera una literatura poco ortodoxa para un Nobel; primero, se trata de una cuentista —magnífica— en un ámbito donde la novela es hegemónica, rompe así con el prejuicio que considera a la novela un arte mayor y al cuento un arte diminuto: Borges, sin ninguna novela creó un universo enorme en sus narraciones cortas, desde luego, no le dieron el Nobel; se trata también de una mujer en un ámbito donde los hombres son hegemónicos, de las 110 ocasiones en que ha sido conferido el premio, sólo en 13 ha correspondido a escritoras, de las cuales cuatro se han concentrado en lo que llevamos del siglo XXI: Elfriede Jelinek en 2004, Doris Lessing en 2007, Herta Müller en 2009, y ahora Alice Munro en 2014, todo indica que el Nobel tiende a sensibilizarse en torno a la equidad de género, pero más allá de eso, a abrir puertas y ventanas al sentido de la literatura escrita por mujeres que tiene, desde luego, una textura y una visión distinta del mundo a la que tradicionalmente reconoce el premio.

Sin embargo, un dato interesante en el Nobel de este año es el retorno a la literatura intimista, sencilla y clara de profundo sentido humano; más allá de las grandes épicas, de los problemas existenciales más profundos Munro se desliza con suavidad e inteligencia por los entresijos del alma humana, de su goce de vivir y de aquello que, como decía Hamlet, “los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne”. Munro se declaró lectora de Borges, Javier Marías, Alberto Manguel, Vargas Llosa y García Márquez; y sus cuentos lo anuncian, en esa dulzura humana que, cada vez con más ahínco, tratamos de eliminar.

No será esta vez el escenario del año pasado, en esta ocasión tanto en papel como en los formatos digitales, nuestras librerías tienen a la mano casi todo el trabajo de Alice Munro. Sin temor y con alegría, nos espera una buena temporada de lectura, de esta autora a la que hoy el mundo ha mirado con alegría.

                *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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