Colmex, 73 años

Es tanto una institución académica de profundos resultados, como un monumento a la cooperación.

Un 8 de octubre, de hace 73 años, El Colegio de México sucedió a la Casa de España en su tarea de formar investigadores de alto nivel, crear nuevo conocimiento y divulgar la realidad profunda de la sociedad, la cultura y la vida en México. Hoy, a siete décadas, el Colmex es sin duda un referente en la vida académica de Iberoamérica. Pero es mucho más que eso.

El Colmex es la materialización de un sueño de humanidad y fraternidad; su origen, lejano ya en el tiempo y la circunstancia, evoca los mejores sentimientos de solidaridad e inteligencia de nuestra patria, como Casa de España, una institución casi improvisada en la que se planeó que los académicos e intelectuales que la guerra había expulsado de su tierra se integraran a la vida cultural y académica mexicana; a poco, quedó claro que tal impulso, noble y solidario, no sería suficiente para sostener en el tiempo y trascendencia a la Casa; así se transformó en la institución que hoy conocemos para que, a partir de aquella primera semilla binacional, creciera un árbol rico en frutos de auténtica raigambre mexicana, pero abierto al mundo. Hoy el colegio, como afectuosamente lo conocemos, alberga estudios de alto nivel de literatura, relaciones internacionales, regionales sobre África o Asia y, en fin, es una de las más generosas ventanas de nuestra cultura al mundo.

El Colmex es también el legado de algunas de las más brillantes inteligencias de Iberoamérica; por el lado mexicano, por sólo citar a algunos de sus fundadores, Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas que, pese a sus diferencias de estilo y maneras de ver el mundo, concretaron una institución con vocación de futuro y alma de universalidad; del otro lado del océano y de muchas regiones del planeta, el Colmex construyó sobre las bases de la colaboración y la amistad en la inteligencia; dice mucho de él que sus orígenes se fraguaran en la colaboración y apoyo que los intelectuales españoles prestaron a las entonces jóvenes inteligencias mexicanas que eran expulsadas por la violencia revolucionaria. El Colmex es tanto una institución académica de profundos resultados, como un monumento a la cooperación y a lo que Alfonso Reyes llamaba “la conspiración de las buenas voluntades”.

Por muchos años más la tarea de divulgación, formación e investigación que realiza el Colmex seguirá siendo uno de los pilares de nuestra vida intelectual y cultural. Lo celebramos recordando sus orígenes y mirando, con él, a un futuro en el que todavía habremos de conocernos mejor y de apreciar, sin prejuicios ni exclusiones, la manera en que, volviendo a Alfonso Reyes, participamos del banquete cultural del mundo.

                *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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