Puto
¡Puto!, el que no brinque, el que no salte. ¡Puto!, el que no brinque y eche desmadre. ¡Puto!, el güey que quedó conforme. ¡Puto!, el que creyó ...
¡Puto!, el que no brinque, el que no salte.
¡Puto!, el que no brinque y eche desmadre.
¡Puto!, el güey que quedó conforme.
¡Puto!, el que creyó lo del Informe.
¡Puto!, el que nos quita la papa.
¡Puto!, también el joto que lo tapa.
¡Puto!, el que no hace lo que quiere.
¡Puto!, puto nace y puto muere.
Molotov, Puto. 1997
El diccionario etimológico de Corominas dice que la palabra “puta” viene del latín putta, que quiere decir muchacha joven. Su equivalente masculino es putto; en plural, putti. La pintura y la escultura del barroco europeo están llenas de putti, muchachitos alados que no tienen cuerpo y que son solamente rostros de arcángeles, seres divinos y preciosas criaturas. Toda la indagatoria del origen de la palabra puto, que ahora tiene a la FIFA muy indignada con nosotros, nos lleva a confusiones generalmente hipócritas.
Cualquiera que haya tenido un contacto con la historia universal o la historia del arte sabe que la práctica homosexual en las antiguas culturas, ya sea la griega o la romana, era aceptada y celebrada. En el tiempo isabelino, sin tomar en cuenta la vida íntima de Shakespeare, toda su obra está impregnada de referencias a que el contacto sexual entre seres del mismo género no era mal visto. Desde este lado del charco, los prehispánicos condenaban gravemente la embriaguez y la holgazanería. Con la homosexualidad no eran tan rígidos.
En esencia, es apenas con la reconquista de los reyes católicos en que la homosexualidad comienza a ser condenada y el concepto de su rechazo, en consecuencia, trasladado a la Nueva España, que cultivó la condena durante toda la Colonia. Pregúntenle a sor Juana y a la virreina. Se conoce en los tiempos de la Revolución el origen del término 41 para identificar a los putos: en el conteo de salida era el número de un pariente cercano de Porfirio Díaz arrestado en una orgía descubierta por la autoridad.
Ahora nos enfrentamos con el grito infamado de ¡Eeeehhh, puto!, en el futbol, antes de que el portero rival despeje la pelota. Después del enfrentamiento en Kazán, la FIFA vuelve a amenazar con castigar a México, a su Federación de futbol y a sus seguidores por andar de hocicones ofensivos. Ya lo ha hecho en otros momentos y la represalia ha sido económica, cosa que al futbol mexicano organizado le vale sorbete. Saca la lana en un solo partido molero en el Rose Bowl.
Los funcionarios del futbol mexicano no han podido convencer a los de la FIFA de que, entre nosotros los mexicanos, nos decimos puto y nos picamos la panza sin que el piquete de panza o el otro tenga nada que ver con nuestras preferencias sexuales, y que la palabra puto —que usaban los chichimecas cuando cercaron Tenochtitlan— no es tan ofensiva como lo piensan los señores, muy corruptos, por cierto, de la FIFA.
El asunto es que, en teoría, si los mexicanos siguen insultando homofóbicamente al portero contrario, la FIFA no solamente puede castigar a los estadios mexicanos, sino descalificar a la misma selección mexicana y sacarla de su participación en la fiesta de 2018. Ahí ya duele. Una vez más, como en el caso de los cachirules, nos expulsarían de una copa a la que, de todas maneras, nunca íbamos a acercar los labios.
Desde luego que no nos van a correr. Moses is Moses y money is money. El campeonato de futbol de 2018 no puede prescindir de sus 80 millones de telespectadores mexicanos y de unos cinco mil turistas verdes que irán first class al Mundial. Aunque luego se orinen en la luz votiva que, si bien recuerdo, está al pie del Kremlin, como ya lo hicieron al pie del Arc de Triomphe.
