Rueda, rueda, rueda
Los gobernantes, como diría AMLO, no tienen llenadera. Sistemáticamente se empeñan en encontrar nuevas fuentes fiscales para allegarse fondos.
La realización de unos Juegos Olímpicos es una carga económica que pocos países se pueden permitir. La gran cantidad de participantes y el número elevado de disciplinas que no gozan de igual popularidad entre el público consumidor del espectáculo, aunados a la obligación de la ciudad anfitriona de recibir, dar alojamiento y alimentar a todos los que acuden, hacen que los gobiernos lo piensen dos veces. Algo distinto es el campeonato mundial de futbol soccer, la Copa del Mundo. Se trata de un solo deporte, el más popular del mundo, con un número establecido de equipos y un calendario estricto que va eliminando huéspedes caros. A mayor abundamiento, los derechos de patrocinio oficial y de transmisión por televisión generan ganancias altas.
En 1962, en el proceso de obtener el compromiso de realizar en México los Juegos en la Ciudad de México en 1968, el presidente López Mateos, con la asesoría de Antonio Ortiz Mena, chucha cuerera de la recaudación y el mejor secretario de Hacienda que nuestro país ha tenido, estableció el impuesto a la tenencia de automóviles con carácter temporal, a fin de completar los dineros que se necesitaban para el mundial evento.
La experiencia, que por la patriotería fomentada desde el Ejecutivo recibió el respaldo de los ciudadanos, ayudó a realizar unos juegos dignos, pese a su desarrollo en el ámbito de los acontecimientos del 68.
El problema fue que Hacienda descubrió el caminito. El impuesto temporal a la tenencia de automóviles no solamente se anidó en la legislación fiscal, sino que, poco tiempo después, se extendió a la tenencia de lanchas y aviones. Y a pagar cada año, mientras el parque vehicular de México seguía creciendo.
Una media docena de entidades federativas ha cancelado o reducido el gravamen. En otros sitios como Nuevo León, el gobernador “independiente” Bronco empeñó su palabra en campaña electoral de eliminar el hoy altamente impopular pago de la tenencia. Algunos malabares se han hecho ahí para medio quitar la tenencia y medio dejarla.
Pero los gobernantes, como diría AMLO, no tienen llenadera. Sistemáticamente se empeñan en encontrar nuevas fuentes fiscales para allegarse fondos. En esta línea, el gobernador de la Ciudad de México, don Miguel Ángel Mancera, lleva la delantera. Con el pretexto de la contaminación ambiental, años antes de su administración se estableció la verificación de los vehículos automotores y, en consecuencia, el programa criminal e ineficiente del Hoy No Circula, el cual él continúa.
Es obvio que la principal fuente de la contaminación ambiental no son los automóviles particulares, son, en este orden, las industrias, el ineficaz transporte público, el deficiente sistema de transporte colectivo y los automovilistas. En Nuevo León, además, las pedreras, que tienen años comiéndose los bellos cerros que rodean Monterrey para proveer materia prima a las empresas cementeras.
En ese entorno, el ejemplo de Mancera tiene ya sembradas semillas en Nuevo León. Jaime Heliodoro Rodríguez, el gobernador, anda coqueteando con la verificación vehicular porque la tenencia se le va a acabar. Después de cobrarnos la verificación, sigue el Hoy No Circula. Para que el que tenga dinero compre un automóvil adicional y el que no, que se joda.
Dignos ejemplos gubernamentales.
PILÓN UNO.- Hay un anuncio gubernamental idiota en la radio, dirigido a los paisanos que siguen eludiendo a la migra en Estados Unidos. Les aconsejan que vayan a los consulados de México y registren a sus hijos, nacidos allá, como mexicanos. Como si esta condición les diera alguna ventaja en el país del Trumpa Jamás.
Abran los ojos, señores, los mexicanos que están allá no quieren regresar. Quieren quedarse donde están y, si se puede, legalizar su estatus. Si les quieren ayudar denles asesoría jurídica para que entablen millones de juicios que la administración gabacha no pueda manejar. Si no tienen lana para eso, déjenlos en paz y no los usen en su estrategia demagógica.
PILÓN DOS.- No fueron solamente don Enrique Macotela y el doctor Luis Krause los que se dieron cuenta de mi pifia en la columna del martes: efectivamente, el tren cancelado —en el que los chinos tenían metida una pata de dragón— fue el México-Querétaro y no el México-Toluca, que anda arreglando los terrenos conflictivos de su derecho de vía. El equívoco no cambia la esencia del texto, pero es un equívoco por el que pido perdón.
