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La mañana del 23 de enero de este año estará llena de actividades para el señor Donald Trump en Washington. Habrá jurado como Presidente de Estados Unidos, alrededor de las diez de la mañana del viernes anterior, pero su agenda de ese día habrá estado pletórica de ...
La mañana del 23 de enero de este año estará llena de actividades para el señor Donald Trump en Washington. Habrá jurado como Presidente de Estados Unidos, alrededor de las diez de la mañana del viernes anterior, pero su agenda de ese día habrá estado pletórica de eventos, mayormente celebratorios. Suele haber media docena de bailes de inauguration, de modo que será hasta dentro de una exacta semana cuando el millonario inicie actividades reales, de las que ya ha adelantado movimientos como la licitación de las obras del muro fronterizo con México.
Entre las inmediatas acciones ejecutivas que Trump tomará de hoy en ocho, está la revocación a la política que se conoce como pies secos, pies mojados. En los años sesenta y en la euforia de la política anticastrista de Estados Unidos se estableció una política migratoria especial para los cubanos, víctimas de la dictadura opresora del comunismo de la isla: Todo aquel cubano que lograra pisar —dry foot— territorio americano era bienvenido y legalizado; todo el que se quedaba en el estrecho de la Florida, en lanchas hechas de neumáticos parchados —wet foot—, era regresado a La Habana.
Esa política no era aplicable a los chinos, rusos, checoslovacos o húngaros, sólo a los cubanos. Había —hoy todavía la hay— una etapa intermedia. Los que llegaban a la tierra prometida por las fronteras de México eran llamados dusty —polvoriento— foot e igualmente protegidos por el gobierno americano. Entre sus últimas decisiones como presidente de Estados Unidos, Barack Obama revertió precisamente la política migratoria hacia los cubanos, como consecuencia de su visita a la isla propiedad de los Castro y sus conversaciones con Raúl.
Una de las primeras acciones del presidente Donald Trump será revocar esa decisión. No porque Trump tenga especial afecto por los anticastristas. Los senadores Cruz y Meléndez le pusieron durante la campaña, y ahora en la designación de gabinete, obstáculos al menos retóricos. Simplemente, Donald Trump revocará todo lo que huela a Barack Obama. Los acercamientos con el gobierno cubano y las relaciones comedidas con México encajan ahí. Por eso el muro de que va, va.
Pancho Calderón, excelente editorialista del dibujo, señalaba ayer en su periódico la estupidez del proyecto del muro fronterizo, aunque no haya apuntado lo siguiente: En más de la mitad de la frontera la línea que divide es la mitad del cauce del río que nosotros llamamos Bravo y ellos llaman Grande. Esa romántica expresión, por el curso del río, le ha costado metros al territorio que el tratado Guadalupe Hidalgo nos dejó.
En los puentes fronterizos de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas hay una placa que marca el punto en que ambos países se separan. Es por donde, supuestamente, pasa el centro de las aguas del Bravo. ¿Por dónde va a ir el supuesto muro?
Por lo pronto, los emigrantes cubanos que andan por las calles de Tijuana o Mexicali esperando la clemencia de los agentes migratorios del otro lado para que les apliquen la disposición de pies secos, pies mojados o la de los pies polvorientos, no deben preocuparse. Donald Trump meterá reversa en ese asunto, muy pronto.
Ojalá metiera reversa también en otras estupideces.
