Incertidumbre

Ay, cómo es cruel la incertidumbre. Gonzalo Curiel, Incertidumbre Hoy martes se cumplen tres semanas del, para muchos sorpresivo, resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que encamina al poder en la primera potencia del mundo a un señor que se ...

Ay, cómo es cruel la incertidumbre.

Gonzalo Curiel, Incertidumbre

Hoy martes se cumplen tres semanas del, para muchos sorpresivo, resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que encamina al poder en la primera potencia del mundo a un señor que se caracteriza por un discurso hostil hacia nuestro pueblo y políticas gubernamentales, pletórico de descalificaciones y amenazas. Tres semanas son un lapso suficiente para que el Estado mexicano, por lo menos sus instancias del Poder Ejecutivo y los legisladores, asumiera una actitud firme, seria, ponderada y razonada, que reflejara al menos levemente el sentir de la mayoría de los mexicanos.

No ha sido así. El discurso presidencial, transmitido por las llamadas redes sociales, fue una felicitación tímidamente cálida por el resultado de los comicios. En su mensaje a medios al día siguiente y luego de una conversación telefónica con el señor Donald Trump, que dijo fue cordial, amable y respetuosa, Enrique Peña Nieto calificó el nuevo momento histórico como un reto y una oportunidad que los mexicanos debemos enfrentar unidos.

El problema es que los mexicanos estamos unidos sin el liderazgo del gobierno. Los mexicanos, en una mayoría notable, estamos preocupados por la posibilidad de que las amenazas del señor Trump se hagan realidad apenas termine su ceremonia de juramentación, de manera especial en la revocación del Tratado de Libre Comercio con EU y Canadá y en la persecución de los mexicanos indocumentados en el país vecino. Por encima de todo, estamos unidos en el rechazo al desprecio expresado hacia nuestro pueblo en las expresiones del nuevo presidente norteamericano. Estamos unidos en la incertidumbre.

Nos extraña que la Secretaría de Economía no haya tomado la iniciativa en una revisión del tratado comercial, una revisión tal vez necesaria y conveniente pero que debe ser benéfica para los tres países, como era el espíritu original de la iniciativa, o al menos no nos haya informado de ello. Nos extraña, nos preocupa y nos une la idea de que el gobierno mexicano no haya hecho aún una presencia digna del gobierno en el muro que ya existe en diferentes segmentos de la frontera norte —muy notablemente ominoso en Tijuana— expresando solidaridad con los mexicanos de ambos lados de la frontera.

Ayer, el Presidente electo de Estados Unidos lanzó una amenaza nueva: va a revocar los acuerdos alcanzados —¿concedidos?— por el presidente Barack Obama para regularizar las relaciones de su país con Cuba. Trump condiciona mantener esos avances a concesiones hacia los cubanos de Cuba, los cubanos de Miami y Estados Unidos en general. Hasta el momento de escribir estas líneas, no había una respuesta del gobierno cubano, pero se puede anticipar que no será de docilidad lacayuna sino, como ha sido durante decenios, de orgullosa dignidad. En el viaje que las cenizas de Fidel Castro harán esta semana de La Habana a Santiago de Cuba, un viaje inverso del que hizo el movimiento 26 de julio aquel 1 de enero de 1959 luego de la huída de Batista, habrá oportunidad de una respuesta.

En la procesión de las cenizas, que incluirá pompas fúnebres multitudinarias en distintas plazas, irán participando diferentes dignatarios invitados. El presidente Peña viaja hoy martes para estar en alguno de esos actos. Sin duda, una buena oportunidad para fijar una postura que, efectivamente, dé argamasa a esa unidad de los mexicanos ante Trump, de todos tan deseada.

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