Arrepentimiento

En los pasados días, todos los noticiarios de televisión del mundo dijeron sin mayor explicación que el sospechoso de haber asesinado a balazos a cinco mujeres en un centro comercial al norte de Seattle, en el estado de Washington, era un hispano; esto acompañado de una ...

En los pasados días, todos los noticiarios de televisión del mundo dijeron sin mayor explicación que el sospechoso de haber asesinado a balazos a cinco mujeres en un centro comercial al norte de Seattle, en el estado de Washington, era un hispano; esto acompañado de una borrosa imagen tomada del video de vigilancia, grabado por alguna cámara, de donde se podía deducir que el joven de marras era marroquí, armenio, palestino, colombiano, pakistaní, puertorriqueño del Bronx o rumano. No, el estereotipo del hispano, ligado frecuentemente a la violencia y la delincuencia, prevaleció hasta ayer, cuando la policía informó haber detenido a un turco de 20 años, Arcan Cetin, con residencia permanente legal en los Estados Unidos, culpable de la matanza.

En la Ciudad de México, el sábado convivieron en torno al Ángel de la Independencia dos flacas manifestaciones, cuyos organizadores se guían por los principios del prejuicio y el estereotipo: los “mochos”, que dicen defender a la familia tradicional que bendice la Iglesia católica, y los “putitos”, que se atienen a la esperanza que les dio el presidente Peña Nieto cuando envió la iniciativa de ley que garantiza a las uniones del mismo sexo, las garantías que ya había reconocido la Suprema Corte de Justicia.

El asunto aquí no es que ambos grupos se comportaron civilmente a huevo ante la profusión de los elementos uniformados del orden. Lo interesante es que diferentes instancias del poder, en privado y en público, les han dicho a ambos grupos que la iniciativa presidencial se encuentra perfectamente guardada en un cajón con cuatro llaves y que difícilmente llegará siquiera al debate de los legisladores. Está, pues, congelada, por sugerencia de su originador. El mensaje es claro: al igual que con la visita de Donald Trump, el Presidente ya se arrepintió de reconocer derechos a un importante grupo de población, por el costo político que implican, pero no lo quiere decir plenamente.

Para Cervantes, el arrepentimiento es la mejor medicina para los males del alma; para Spinoza, uno no debe nunca arrepentirse de nada: quien se arrepiente es doblemente miserable.

Hillary Clinton y Donald Trump, sin asomo de arrepentimiento por todas las idioteces en las que ambos han incurrido en sus campañas, participan esta noche de lunes en el primer debate, que se antoja será el decisivo, y que los pronósticos indican tendrá un rating de teleauditorio comparable o tal vez superior al espectáculo del Super Bowl. Al final del intercambio de “ideas”, el norteamericano que vota tendrá perfectamente claro que no le queda más que escoger al menos malo de los dos. Los índices dicen que esta mañana hay un empate técnico de 46% de la rubia que nadie quiere sobre el 44% del rubio que todos odiamos.

PILÓN.- El debate de esta noche debiera ser, como se planteó en los inicios de los debates hace más de 30 años, un intercambio de ideas, exposición de programas, desarrollo de proyectos y despliegue de simpatía personal. No habrá tal. Lo que sí hay es una pegajosa canción de Vicente Fernández que promueve abierta y claramente el voto de los hispanos a favor de la señora Clinton. La popularidad del cantante mexicano entre todos los habitantes de Estados Unidos de origen latino está teniendo efectos en el campo de las emociones, no en el de las ideas. Si los hispanos han de ser un factor importante en el resultado de las elecciones de noviembre 8, la canción de Fernández será un empujón considerable. Ahora, me queda claro que los hispanos tienen 43 días para registrarse como votantes, si tienen derecho a ello y no lo han hecho, pero, sobre todo, para vencer la indolencia tradicional con la que el estereotipo norteño nos define.

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