Arrepentida

Ya date cuenta: si no contesto es porque no queda nada de lo nuestro… Arrepentida. Banda El Limón. Cuarenta años después de múltiples esfuerzos por la integración de Europa, el Parlamento británico tiene ahora en sus manos y en sus votos ratificar el resultado ...

Ya date cuenta: si no contesto es porque no queda nada de lo nuestro…

Arrepentida. Banda El Limón.

Cuarenta años después de múltiples esfuerzos por la integración de Europa, el Parlamento británico tiene ahora en sus manos y en sus votos ratificar el resultado del referendo de la semana pasada, que determinó su salida de la Unión Europea. Muchas de las consecuencias de esta medida serán inmediatas; la mayoría se darán en el largo y mediano plazos y abarcarán, prácticamente, todas las áreas de la vida, desde la tecnología hasta el futbol, pasando por la migración, el comercio, el turismo, las comunicaciones y todo lo que ello implica. Se han de perder alrededor de un millón de empleos y el nivel económico de los habitantes del Reino Unido descenderá, por lo menos, cinco por ciento. Los daños colaterales se registrarán de uno y otro lado del Canal de la Mancha.

En la oficialía de partes del Parlamento se han depositado evidencias de casi tres millones de firmas que solicitan que se haga un segundo referendo sobre el importante tema. Consideran que la diferencia en la votación de hace días (52% vs. 48%) es un margen demasiado estrecho. La opinión prevaleciente es que los impulsores de la salida votaron con la emoción y no con el cerebro; también, que pertenecen a los más viejos y conservadores de los ciudadanos. La mayoría del voto joven fue para permanecer en la UE.

Sin embargo, y aunque en política nada está definitivamente escrito, hay pocas posibilidades de que un segundo referendo se haga. No se valen rajaderas. Peor aún, persiste el peligro de que la actitud secesionista tenga un efecto dominó y fuerzas conservadoras de Holanda, Francia y Alemania, simpatizantes por cierto del señor Donald Trump, propicien la fractura total de la Unión. Por lo pronto, Irlanda del Norte ya conduce sus propias negociaciones con el continente para tramitar su adhesión independiente de lo que haya decidido Reino Unido. La resonancia puede darse también en Cataluña, el País Vasco e incluso en Aragón, para separarse de España y afiliarse a la Unión Europea por su lado.

Uno de los principales motores del voto por la salida de la Unión Europea tiene una raíz racista: el rechazo a la política de fronteras abiertas que permite el libre tránsito, y sobre todo empleo,  de los súbditos de países unificados en toda Europa. Los ingleses no quieren que su isla se vea invadida por ciudadanos alemanes, franceses, españoles o de cualquier otro país con orígenes étnicos en los países del islam. Si las cosas siguen como van, todos los extranjeros que quieran trabajar en Reino Unido tendrán que sacar una visa de trabajo y residencia, que no se antoja que sea muy fácil de obtener.

Las consecuencias económicas ya se comienzan a mostrar en el desplome de las bolsas y la depreciación de la libra esterlina. Eso, indudablemente, tendrá repercusiones en el valor del dólar frente al peso mexicano, por más esfuerzos que haga el gobierno de reducir el gasto corriente. No será sino hasta el 2018 —¿le suena el año?—cuando la desintegración de esta alianza se complete. Salvo que el Parlamento Europeo, que reside en Bruselas, y el que sesiona a orillas del Támesis admitan las rajaderas de los electores británicos que tienen hoy un hashtag que reza: ¿Qué hicimos?

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