Y abrir todo el pecho

La SEP suspendió por tiempo indefinido las pruebas de evaluación de los maestros de instrucción elemental...

El viernes me enteré de que unos 80 mil jóvenes se presentan este año a examen de admisión para cursar las carreras que imparte del Instituto Politécnico Nacional. Un número mayor y creciente hizo lo mismo en la UNAM y en todos los establecimientos de enseñanza superior del mundo. A nadie causa extrañeza la noticia, como tampoco el hecho de que no todos obtendrán el pase a emprender la carrera; sólo los de mejores notas se podrán inscribir, y acceder a una posibilidad de privilegio. Es la selección natural. Al mismo tiempo supe que la Secretaría de Educación Pública suspendió por tiempo indefinido las pruebas de evaluación de los maestros de instrucción elemental. Eso, ejerciendo una función que, asumo yo, corresponde al INEE, instituto autónomo de la evaluación educativa.

Nos han vendido desde el Ejecutivo federal que la reforma en materia energética es la panacea de todos los males de México. No es cierto, aunque la necesaria apertura a inyecciones de capital que Pemex no tiene puede rescatar a la anquilosada industria petrolera de la quiebra inminente, y así salvar al país, cuyos gobiernos han, sucesivamente, puesto todas sus fichas en la apuesta del petróleo.

Tuvo que venir un ganador del Premio Nobel de Economía, el señor Stiglitz, a decirnos que de todo el cacareado paquete de reformas que sale a relucir en cada discurso, la importante es la educativa; precisamente la menos elaborada de ellas. Hecha a la medida para quitarle fuerza política y finalmente la libertad a Elba Esther Gordillo, la Reforma Educativa carece de un articulado que modifique precisamente principios, metodología, programas, procedimientos o instituciones de educación. Tal vez lo único que se salva es la evaluación de los maestros, lo que entendemos cuando es el caso del Poli y la Uni. Que los que quieran una licencia para enseñar demuestren que saben más que los niños que tienen derecho a ser enseñados. Así de simple.

Con la misma simpleza, el requisito quedó abolido. No hay más evaluación de los maestros. Porque lo digo yo.

Uno entiende el chantaje que las mafias sindicales de Guerrero y Oaxaca están ejerciendo con la amenaza de no permitir que el domingo se lleven a cabo unas elecciones en las que los mexicanos no acaban de tener confianza. Yo, ciudadano, prefiero que no se hagan elecciones antes de confiar mis chamacos a maestros incapaces, zafios instrumentos de la sucia política. Los políticos se irán al concluir su “mandato”. Mis hijos y mis nietos aquí se quedan con el pobre bagaje que les pretenden dar.

Como en la vieja canción ranchera, se me antoja abrir todo el pecho pa’echar este grito: Presidente, ¡no te rajes!

PILÓN.- Para nuestra envidia se murió, diría Miguel Hernández “como de rayo”, esto es, sin las molestias propias y salpicadas que causa la agonía, Jaime Almeida. Mi compañero durante muchos años de diversas rutas de la vida, fue copartícipe de ilusiones y desencantos, uno de los ingredientes esenciales de la amistad. Brillante en varias áreas como era, supo entender a tiempo la frase que ahora ha puesto en circulación una novelita de Umberto Eco: “Si quieres ganar tienes que concentrarte en un solo objetivo y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reservado a los perdedores”. Jaime escogió saberlo todo solamente del cancionero popular, materia en la que era el número uno. Y el dos y el tres. Luego estamos los demás.

Yo me quedo con su imagen contando de bulto el cuento del hombre que tenía que ir adaptando su cuerpo al mal cortado traje, o cualquier otro chiste de su aparentemente inagotable repertorio. Y me quedo también con la oculta pena que da el entender que cada vez tengo menos con quienes compartir el duelo.

Temas: