¡Ay Francisco, no te rajes!
La Iglesia Católica, su cúpula, ha sido permanentemente reflejo de las diferentes corrientes políticas del mundo.
Pertenezco a las generaciones que oyeron misa en latín y viendo la espalda del sacerdote, sin entender un carajo de qué iba la fiesta. Atraído, como la mayoría de los creyentes por la fastuosidad teatral de la liturgia, hube de contener el aliento muchas veces a la hora de la consagración mientras miraba de reojo a la niña que pudiera aspirar a llevarme a ese particular altar. La celebración era magnificente, pero ajena.
Muchos años después celebré la iniciativa de Juan XXIII, que recién nombrado papa inició sorprendentemente la transformación de la Iglesia Católica que se conoce como el Concilio Vaticano Segundo. Una de sus innovaciones fue decir la misa en la lengua de los creyentes y girar el cuerpo del pastor para dar la cara a su grey.
Pablo VI, sucesor del papa Roncalli —ambos italianos— fue el continuador de la renovación; aggionarmento creo que decíamos y escribíamos entonces, iniciado por Juan XXIII. Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, para ustedes Pablo VI, fue beatificado en una misa en la Plaza de San Pedro al finalizar el domingo pasado el sínodo extraordinario de obispos sobre la familia. Juan y Pablo, revolucionarios de la iglesia. Y a eso iba yo.
El sínodo sobre la familia este año sacudió las conciencias de la mayor parte del mundo, no solamente de los católicos, al pronunciarse de una manera revolucionaria sobre la relación de la iglesia católica, particularmente en su liturgia, y ciertos grupos marginales. Se recibió con simpatía en ciertos ámbitos, con entusiasmo en otros, y con júbilo en los menos, la tendencia de la autoridad eclesiástica a restablecer el derecho a la comunión, acto supremo del rito católico, para los divorciados que se habían vuelto a casar. Pero el nudo de la controversia fue la tolerancia a los homosexuales, especialmente a los que decidieron unirse en pareja. La información filtrada y pública hablaba de una apertura histórica. Se llegó a mencionar las aportaciones que los homosexuales traen a la fe cristiana.
La iglesia católica, su cúpula, ha sido permanentemente reflejo de las diferentes corrientes políticas del mundo. Los temas desvelados en este sínodo extraordinario sobre un tema tan importante como la familia nos hacen saber que han pasado muchas cosas desde que los sacerdotes dieron la vuelta y empezaron a decir la misa en castellano, para nuestro caso. Pero que para la modernización plena de la iglesia, por decir algo temas como el celibato o las mujeres sacerdotisas, falta mucho por hacer.
De 181 padres sinodales que votaron, 104 aprobaron que a los divorciados reincidentes en el matrimonio se les diera la hostia; 74 en contra. La mayoría calificada era de 123, número que tampoco obtuvo la propuesta de bienvenida a los homosexuales.
Dicho en términos más cercanos, el ala conservadora del Vaticano conserva su músculo y ha ganado la partida; digamos el set. El papa Francisco, promotor de las innovaciones repudiadas, tendrá que ir a una segunda vuelta. Esa se dará dentro de un año, en el próximo concilio Vaticano sobre estos temas.
Dirían los cronistas futboleros que hay papa Francisco para rato. La salud del argentino se ve sólida, pero más sólidas se ven las tendencias sociales que le dicen al comando supremo del catolicismo que se aclimata o se aclichinga. Pero hemos visto tantas cosas, durante tantos siglos en el Vaticano...
