Esta tarde vi llover

El viernes pasado una lluvia que las autoridades, todas, consideraron “ordinaria” cayó sobre la ciudad de Monterrey, N. L., de particular manera sobre sus zonas sur y oriente. Realmente la precipitación de 75 milímetros en periodos intermitentes durante unas ocho ...

El viernes pasado una lluvia que las autoridades, todas, consideraron “ordinaria” cayó sobre la ciudad de Monterrey, N. L., de particular manera sobre sus zonas sur y oriente. Realmente la precipitación de 75 milímetros en periodos intermitentes durante unas ocho horas no era para considerarla “atípica” y con eso despertar la alerta de la población. Ningún ciclón de la temporada del Pacífico ni frente de baja presión bajando por el norte. Una simple lluvia.

La mañana del domingo, a pesar del esfuerzo de los pobladores de las zonas afectadas por hacer limpieza de manera individual, las calles del rumbo seguían enfangadas y en las esquinas y camellones se apilaban ramas y hojarasca arrastradas por la lluvia. El tránsito vehicular, de por sí ya muy complicado, se adelantaba imposible para la mañana del lunes de actividad normal, especialmente en el cuello de botella que se forma en la única salida que la ciudad tiene hacia el sur, lugar preferido para el descanso de fin de semana y área de creciente desarrollo urbano, la Carretera Nacional, la 85.

Precisamente en ese cuello de botella de Lázaro Cárdenas y Mederos, frente a la entrada a un campus de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la SCT inauguró, con el bombo y platillos de la alcaldesa Arellanes, un paso a desnivel que, literalmente, se vino abajo el viernes. Otra depresión vial, a un kilómetro de distancia se inundó igualmente. Las compañías aseguradoras andan arreglando los entuertos que la prisa por sacar obra de relumbrón antes del periodo electoral y la corrupción que aqueja a los mecanismos de la obra pública en nuestro país, provocaron. Por fortuna, las víctimas humanas son solamente dos. Son demasiadas, de todos modos.

Porque resulta que precisamente sobre la avenida Lázaro Cárdenas, que corre entre dos lomas que dominan Monterrey desde el sur, es donde escurren todos los arroyos imaginables del mayor de los dos cerros, el del Mirador. Los encargados de la obra espectacular que costó un estimado de 150 millones, no consultaron un solo plano hídrico de la zona. A cualquier estudiante de preparatoria se le hubiera ocurrido que una fuerte lluvia, como ocurrió antes en la experiencia histórica de los ciclones Alex y Gilberto, iba a barrer con todo lo endeble que a su paso se atravesara. Como la lluvia mediana que el viernes inundó e inhabilitó el canal de televisión de la Universidad y la Facultad de Comunicación que le aloja en esos rumbos.

Los desastres naturales tienen la virtud de poner al descubierto las peores prácticas de corrupción e ineficiencia en las obras públicas de nuestro país. Por eso, no sorprende a nadie que precisamente las obras más espectaculares y las hechas a toda prisa sean las que sucumban primero. Menos sorprenda que la alcaldesa de Monterrey haya estado mucho más preocupada por otras aguas, las de la Riviera Maya, que las que estaban inundando las calles de la ciudad que gobierna.

Yo no sé si el fenómeno sea generalizado en las entidades que tendrán elecciones trascendentes el año próximo, como es Nuevo León, pero en Monterrey el estruendo de los políticos encordados se siente con una violencia mayor que el de las lluvias de la otra tarde. La señora Arellanes, por el lado del PAN, y un muchacho improvisado que se llama Federico Vargas, por el PRI —obviamente con la chequera generosa de la Secretaría de Desarrollo Social del estado—, andan del tingo al tango repartiendo despensas y propaganda, bailongos y fiestas de 15 años a cambio de promesa de votos. El secretario de Economía, Guajardo, y las legisladoras Ivonne Ortega y Cristina Díaz se desviven por demostrar que los ojos de Los Pinos están clavados en ellos para la divina unción tricolor.

Ninguno de ellos, que se sepa, ha salido a poner el grito en la tierra por la imprevisión y la corrupción que ha dejado tan empapados a los regiomontanos con una pinche agüita de octubre caída del cielo. Y no estabas tú.

Temas: