De fobias y política

Reforma Educativa, la más importante en medio siglo. Es una reforma laboral, critican, quizá, pero con alto impacto en la calidad. Falta implementarla, los opositores se imponen, acusan, eso habla del calado y su dificultad.

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Federico Reyes Heroles 10/12/2013 02:07
De fobias y política

Las fobias ciegan. Un político gobernado por las fobias es un mal político. Elevar la mirada es obligado. Las reformas de fondo comenzaron antes del primero de diciembre con la Reforma Laboral retomada con fuerza por la nueva gestión. Fue insuficiente, dicen. Ampliémosla. Pero la coordinación entre gestiones fue un gran mérito. Hay más, una verdadera cascada que puede aturdir. Enumerarlas es un intento mínimo de orden. La PGR por fin transformada en una fiscalía autónoma. Atrás queda un siglo de dogmática y necia defensa de una fórmula tan mexicana como inoperante: la indebida vinculación entre el Ejecutivo federal, los ejecutivos locales y los órganos de investigación. El grotesco nudo de la impunidad por omisión se explica allí. Es un cambio histórico.

Código Único de Procedimientos Penales, homologación del proceso, expresión terrenal de un mínimo respeto a los derechos individuales. Ahora hay vía abierta a un sistema penal acusatorio, los juicios orales. Otro campanazo de grandes alcances. Cómo salir del sótano en imagen de corrupción en el mundo si la impunidad galopa y el sistema de impartición de justicia aterra. La mancuerna entre Fiscalía y Código Único es más que una esperanza, hay racionalidad. De poco hubiera servido la ampliación de facultades al IFAI y más entidades obligadas, sin atacar la impunidad. Falta el Consejo Nacional de Probidad y Ética para lograr de verdad políticas nacionales que el ciudadano sienta.

Atrás están las más cantadas: Reforma Educativa, la más importante en medio siglo. Es una reforma laboral, critican, quizá, pero con alto impacto en la calidad. Falta implementarla, los opositores se imponen, acusan, eso habla del calado y su dificultad. Telecomunicaciones, una verdadera sacudida que amplía los márgenes de libertad de los mexicanos, resultado final de liberar los distintos mercados. Homologación contable de toda la República, con poco sex appeal, pero central para la transparencia. Reforma Financiera, poco atractiva para el gran público, pero muy relevante: más competencia en el sector financiero, una banca de desarrollo más fuerte. El objetivo central es el crecimiento del crédito que actualmente es 28% del PIB cuando en Brasil y Chile oscila 70 por ciento. Reforma Fiscal, la más cuestionada y cuestionable; si se hubieran quedado con la consolidación, con el fin de los regímenes especiales y un ISR personal de verdad progresivo, habría cumplido con su objetivo político y no hubiera provocado una inútil revuelta.

Reforma Electoral, una vez más huele a revancha de perdedores. Pero las irregularidades en muchas elecciones estatales eran una burla. ¿Es el INE la solución? Muy debatible, lo que sí parecía obligado es la homologación de códigos o la creación de uno nacional. El punto más débil está en la indefinición de cuándo y por qué intervenir en una elección estatal. La gran ausencia es un nuevo mecanismo de designación de los consejeros. Que los partidos nombren a los encargados de regularlos es perverso. Pero la reforma tiene muchos méritos. Por fin llega la incomprendida reelección que permitirá profesionalizar a los legisladores del país y ampliar el horizonte de trabajo de los alcaldes. Varias fórmulas de coaliciones, interesante. Adelante con la reglamentación de candidatos independientes. Cambio en el tortuoso calendario de la toma de posesión y la instalación del Congreso. Faltó el formato del Informe. Bien por la anulación de elecciones por exceso en gastos, las multas eran una burla.

Pero hay más, autonomía al Coneval, referente institucional obligado para evaluar logros de políticas sociales, no podía quedar en la esfera de las presiones políticas. Estrategia Nacional de Seguridad ratificada por el Senado, esa es hoy de las principales preocupaciones de los mexicanos. Los tres órdenes de gobierno deben actuar de manera coordinada. Los vaivenes políticos entre Federación, estados y municipios no deben afectar la estrategia, otro avance. Y, finalmente, la energética en plena gestación: menú de posibilidades contractuales, faltó concesión. Reforma constitucional sin la cual no habría certidumbre de largo plazo para los inversionistas. Comisión Reguladora como eje que dé garantías de largo plazo a los inversionistas y también dé a los mexicanos congruencia energética más allá de los intereses sexenales. Apertura en el sector eléctrico y transparencia obligada para Pemex y la CFE. Y, quizá lo más alentador, la creación de un Fondo Mexicano del Petróleo con la mira puesta en el largo plazo: ahorro, pensiones, inversión en ciencia y tecnología, energías renovables.

La crítica hoy a la gestión es el bajo crecimiento, la imperceptible mejoría en seguridad, la contradictoria política hacia el cumplimiento de la ley sin excepciones, el retraso en leyes secundarias —telecomunicaciones—, la torpeza inicial en la aplicación del gasto, etcétera. Pero admitamos, el primer año de Peña Nieto ha traído una cascada de cambios profundos que anuncian mejorías para México. El mérito es compartido: un Ejecutivo negociador y legisladores trabajando. Menos fobias, más política.

                *Escritor

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