¿Qué estará en juego en las elecciones de 2016?

La economía global se recupera, pero aún no supera los efectos de la crisis y siguen presentes en el horizonte vulnerabilidades importantes, como la fuerte deuda pública que persiste en Europa equivalente a un 23% de su PIB, el bajo precio del petróleo o las ...

La economía global se recupera, pero aún no supera los efectos de la crisis y siguen presentes en el horizonte vulnerabilidades importantes, como la fuerte deuda pública que persiste en Europa (equivalente a un 23% de su PIB), el bajo precio del petróleo o las perspectivas de que economías emergentes como China o India moderen su crecimiento a medio plazo. La economía mundial afronta grandes vulnerabilidades económicas y financieras que requerirán grandes reformas.

Todo esto significa que los procesos electorales constitucionalmente previstos para elegir el año próximo a los gobernadores de 12 entidades federativas y a cientos de alcaldes, probablemente habrán de ocurrir en medio de un periodo de lento crecimiento económico, cuyas consecuencias previsibles, tales como mayor desocupación, contracción del crédito y de la inversión, etc., sólo vendrán a complicar un clima de incertidumbre, descontento social y violencia, ya de por sí amenazante para la paz, la integridad y la soberanía del Estado mexicano.

En estas elecciones, el electorado mexicano, a quien la alternancia democrática, la expansión de las clases medias y la explosión de las redes digitales, entre otros factores, ha vuelto cada vez más informado y crítico, habrá de juzgar sin contemplaciones la inteligencia, la madurez y el compromiso con el interés superior de la nación que, en medio de la crisis y de la contienda política, demuestren en los hechos, y no sólo en el discurso y la propaganda, todos los actores políticos: los gobernantes en turno, los partidos, los candidatos, los medios, el INE, etc.

Está de sobra demostrado que, en su inmensa sabiduría colectiva —recuérdese la conocida “ley de los grandes números”—, el electorado jamás se equivoca: un proceso electoral relativamente participativo, transparente y conforme a las reglas previamente establecidas, siempre consigue producir un resultado que, con un grado aceptable de legitimidad, refleja el consenso de las preferencias sociales.

Los actores políticos que decidan ignorar esta gran verdad, probada y demostrada una y otra vez por la ciencia política contemporánea, lo hacen a su propio riesgo. Lo que México va a buscar en las elecciones  del año próximo será, sobre todo, a líderes, que al frente de gobiernos estatales y municipales legítimos y fuertes y acompañados de equipos políticos, financieros y económicos creíbles y competentes, a la vez que apoyados por Congresos locales que permitan una gobernabilidad ágil y de largo aliento, consigan sortear la crisis de bajo crecimiento, manteniendo incólumes la integridad y la soberanía del Estado mexicano. Y que dispongan de ideas y equipos capaces de poner a sus estados y municipios en la senda del crecimiento rápido, sostenido e incluyente, en ruta hacia la prosperidad democrática. Las elecciones las gana siempre quien mejor entiende los anhelos de los electores y les da la respuesta más convincente.

En el caso específico del PRI, la selección de candidatos estará en manos de Manlio Fabio Beltrones Rivera. Es deseable que tanto el presidente Enrique Peña Nieto como los gobernadores salientes le dejen operar con libertad para que su sabiduría y destreza políticas puedan rendir los frutos del triunfo en beneficio del PRI, del gobierno y de México. Convencen su experiencia y su determinación de asumir públicamente compromisos precisos. Déjenlo ganar.

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