#MeToo

Durante varios días se subieron a la red testimonios de mujeres que fueron acosadas o agredidas sexualmente

No cabe duda, estamos siendo testigos de transformaciones sociales de gran impacto y quizá protagonistas de luchas y movimientos para construir naciones más justas, seguras, incluyentes, respetuosas de la diversidad y de los derechos humanos.

Hoy, la lucha feminista tiene un nuevo rostro, se vigoriza, cruza fronteras y sacude al mundo con #MeToo, el movimiento que actrices de Hollywood iniciaron en 2017 para denunciar el acoso laboral y agresión sexual en su industria, primero contra Harvey Weinstein, productor de cine; después, el 15 de octubre de 2017, la actriz Alyssa Milano escribió un mensaje provocador en su red social de Twitter: “Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente hicieran un tuit con las palabras “Me too” podríamos mostrar a la gente la magnitud del problema”.

Esa valentía contagió otras esferas y se empezaron a presentar denuncias en sectores privados, gubernamentales, académicos y culturales en todas partes del mundo, incluido México.

#MeToo ha logrado que se inicien averiguaciones penales, se castigue a los responsables y se “limpie” de acosadores a las organizaciones internacionales. Personal y directivos de Oxfam, Onusida, Cruz Roja Internacional y ONGs, en Siria, ya fueron despedidos y sancionados por el pago de favores sexuales.

#MeToo llegó a México el año pasado con denuncias que se enfocaron en la industria del entretenimiento, pero sin ninguna consecuencia. Sin embargo, hace unos días tomó fuerza y exhibió esa cultura machista y misógina que se vive en los hogares y en los centros académicos y laborales.

Durante varios días se subieron a la red testimonios de mujeres que fueron acosadas o agredidas sexualmente por sus jefes, compañeros de trabajo, amigos, exparejas, familiares. Y tuvo razón Milano, pues se está mostrando la magnitud de este comportamiento que se presenta en todas las áreas: editorial, cultural, académico, periodístico, fotográfico, médico, músicos, creadores, abogados, cineastas y también entre los activistas.

Es preciso decir que hay testimonios anónimos, otros que no dan el nombre del agresor y unos que se parecen más al despecho y enojo con la expareja o a la difamación. Pero hay muchos más que son alerta roja, porque refieren conductas en el trabajo como comentarios sexistas o insinuación sexual, tocamientos constantes, acercamientos o abrazos molestos, hasta llegar a la violación. Se leen también casos en los que no hubo insinuaciones sexuales, pero sí maltrato o violencia laboral, se presentaron amenazas y represalias en el trabajo.

Estoy segura que después de ventilar estos comportamientos, los hombres pensarán dos veces el tipo de relación que quieren entablar con su subordinada, compañera de trabajo, colega, amiga, conocida. Pero aún falta mucho por hacer en términos de la ley y en sensibilizar a los ministerios públicos y jueces para que impartan justicia con perspectiva de género.

DM

RDatos…

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública 2017 indica que en el caso de hostigamiento, manoseo e intento de violación en el trabajo, 99.2% de quienes agredieron a las mujeres fueron hombres.

Cifras de International News Safety Institute de 2014 señalan que la mitad de las mujeres que trabajan en los medios han sufrido acoso sexual en el trabajo, y el 65% han sido víctimas de intimidación, amenazas y abuso.

RDenuncias…

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 estimó que 91.2% de las mujeres víctimas de violencia física o sexual en el trabajo no solicitaron apoyo de ninguna institución, ni interpusieron una queja o denuncia ante alguna autoridad. El 23.9%, no denunció porque tenía miedo a las consecuencias o a las amenazas; 17.1% pensó que no le iban a creer o le iban a decir que era su culpa; 14% por vergüenza; 20% no sabía cómo y dónde denunciar; 17.1% creyó una pérdida de tiempo, y 12.4% porque no confía en las autoridades del gobierno.

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