Denunciar

Uno de esos rituales que siempre son noticia en estas fechas es la designación de Persona del Año de la revista estadunidense Time. Es curioso, porque esta casi centenaria publicación en marzo próximo cumple 95 años pareciera que actualmente sólo existe para este ...

Uno de esos rituales que siempre son noticia en estas fechas es la designación de Persona del Año de la revista estadunidense Time. Es curioso, porque esta casi centenaria publicación (en marzo próximo cumple 95 años) pareciera que actualmente sólo existe para este nombramiento: el resto del año son otras publicaciones las que se llevan el protagonismo.

La más reciente edición es el mejor ejemplo: Time designó como Persona del Año 2017 a quienes llamó “Rompedoras del Silencio” (Silence Breakers). Se trata, en esencia, de las mujeres del mundo del espectáculo que denunciaron el abuso sexual ejercido durante años por el empresario y productor cinematográfico Harvey Weinstein. Un caso que fue fundamentalmente destapado por el diario The New York Times y la revista The New Yorker.

Aunque la denuncia contra Weinstein es el núcleo del fenómeno, Time quiso ir más allá y, por ello, diseñó una portada en la que tuvieran rostro mujeres representativas de circunstancias igualmente difíciles, sin ser necesariamente celebridades. Por supuesto, en el lugar más destacado aparece la actriz Ashley Judd, cuyo testimonio inició la bola de nieve que arrastró consigo a Weinstein. Pero también figura la cantante Taylor Swift, quien llevó ante el juez a un disc-jockey que la manoseó.

Junto a ellas está Susan Fowler, ingeniera que denunció un ambiente adverso a las mujeres dentro de la empresa Uber, en la que era imposible que prosperara cualquier denuncia de acoso como el que ella misma padeció; la acompaña Adama Iwu, de profesión cabildera, quien convenció a varias mujeres de firmar una carta en la que denunciaba el trato machista y humillante por parte de congresistas y políticos californianos.

Finalmente, el cuadro se completa con dos casos altamente simbólicos. La quinta mujer cuyo rostro aparece en la portada de Time es mexicana, trabajadora en los campos de cultivo de fresa, quien representa a las víctimas de violencia sexual, cuya dificultad para denunciar formalmente es aún mayor por su propia situación de inmigrante. Para no afectar a su familia pidió que no se conociera su nombre real, por lo que es presentada con el seudónimo de Isabel Pascual. Quien sí pidió el total anonimato es una joven trabajadora de hospital de quien sólo se puede ver un brazo en la esquina inferior derecha de la portada de Time.

El reportaje central no se refiere exclusivamente a las circunstancias que afectaron a estas seis mujeres, sino que incluye muchos otros testimonios, incluso de hombres, que dan cuenta de una situación generalizada de abuso de poder sistemático, aunado a la falta de instrumentos y estructuras que den garantías a los denunciantes de que no serán víctimas de represalias.

Si eso ocurre en el país más poderoso del mundo, imagínese cómo será en otras latitudes.

Y es que me parece que el mayor mérito de esta edición de Persona del Año radica en revalorar el poder de la denuncia. Lamentablemente, no es fácil recurrir a esta acción fundamental para exigir justicia, y no me refiero únicamente a los casos de acoso sexual.

En el contexto estadunidense, el poder económico, político y mediático de tipos como Weinstein lograba silenciar las acusaciones en su contra, ya sea por contar con cómplices en altas esferas del poder, o bien, por comprar el silencio de sus víctimas, estableciendo contratos de confidencialidad a cambio de muchos dólares.

No dudo que el caso mexicano alcance también tales grados de sofisticación. Pero, aquí, denunciar también es un acto tremendamente difícil.

Denunciar el robo de las llantas de un automóvil estacionado en la calle representa para el ciudadano común la pérdida de varias horas en el Ministerio Público, donde se le interrogará como si el culpable fuera el propio denunciante. En el mejor de los casos, pasarán días antes de que el caso sea mínimamente investigado; en el peor, no se hará nada porque los ladrones están coludidos con las autoridades. Y es frecuente que se llegue al caso de que los delincuentes sean detenidos, para luego ser liberados por fallas en el debido proceso.

Y sí: lo verdaderamente relevante de la portada de Time es el triunfo de la cultura de la denuncia sobre la impunidad. En Estados Unidos, al menos en un aspecto, parece haber triunfado el bien. En México, en cambio, lo que sobran son campos de batalla.

                Twitter: @Fabiguarneros

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