Pasivos
De entre todos los contendientes que se avizoran en la lucha por la Presidencia de la República para 2018, el que más tiene que remar contracorriente es, paradójicamente, el campeón defensor. Por haber vencido hace cinco años, el Partido Revolucionario Institucional ...

Fabiola Guarneros Saavedra
Mensaje directo
De entre todos los contendientes que se avizoran en la lucha por la Presidencia de la República para 2018, el que más tiene que remar contracorriente es, paradójicamente, el campeón defensor.
Por haber vencido hace cinco años, el Partido Revolucionario Institucional es el más obligado a retener la titularidad del Poder Ejecutivo federal. Pero esta cualidad no le da ventaja en este momento en la carrera, al menos por dos razones.
La primera, no necesariamente la principal, es el desgaste natural al que se ve sometido quien ejerce el gobierno y, por tanto, paga los costos de los errores o de los infortunios, los propios e incluso los ajenos.
Uno de los más recientes es el socavón en el flamante Paso Exprés de la carretera México-Cuernavaca. Por más que se intente trasladar la responsabilidad a los gobiernos locales de no haber actuado a tiempo, el pecado original radica en quienes presumieron la obra originalmente como una maravilla; es decir, las propias autoridades federales que las construyeron.
El gobierno federal puede presumir algunos avances como la inversión petrolera derivada de la Reforma Energética, la baja en los precios de algunos servicios de telecomunicaciones y, en el plano internacional, contener hasta donde ha sido posible los efectos perniciosos de la retórica antimexicana del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Pero también es cierto que a lo largo del sexenio ha ido acumulando reveses, que van desde los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, hasta el gasolinazo de principios de año, pasando por el fallido intento de promover desde una legislación federal el matrimonio igualitario, que muchos consideran fue uno de los factores que incidieron en la pérdida de gubernaturas durante 2016.
A todo esto debe añadirse el desprestigio que le trajeron al tricolor los exgobernadores de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, exhibidos como ejemplos del nuevo PRI que reprodujo los peores vicios de corrupción.
A la erosión que todos estos hechos han provocado en el partido gobernante hay que añadirle la segunda de las razones que exponíamos al principio: el PRI empieza la carrera en desventaja por no tener aún contendientes en la misma. Bueno, desde luego que los tiene, pero no se sienten animados a expresarlo por la propia tradición de ese partido de esperar a lo que decida el Presidente de la República.
Aquí cabe recordar que esta situación no se generó durante los dos gobiernos panistas. Vicente Fox hubiera preferido que su candidato fuera Santiago Creel, pero las bases del blanquiazul terminaron imponiendo a Felipe Calderón; éste se decantó por Ernesto Cordero, pero quien se alzó con la candidatura fue Josefina Vázquez Mota. En ambos casos se demostró, al menos, que no fue un dedo el autor de la decisión.
¿Será capaz esta vez el PRI de ir contra su propia historia y marcar una diferencia respecto de la forma como definirá al abanderado que, digámoslo abiertamente, tendrá que correr bastante para alcanzar a un Andrés Manuel López Obrador que le lleva varias zancadas de ventaja?
Ésa es la interrogante que se asoma en los días previos a la Asamblea Nacional del PRI que se llevará a cabo el próximo 12 de agosto, donde habrá que definir los métodos para seleccionar a sus abanderados para el próximo ciclo electoral. Y como ya anticipó la reportera Leticia Robles de la Rosa en la nota principal de Excélsior del pasado lunes 24 de julio, un clamor que crece entre la militancia es que el candidato presidencial sea producto de una consulta a la base y no una decisión unipersonal.
Y es que al PRI le urge enviar un mensaje de que es capaz de cambiar para ponerse a tono con una sociedad más exigente que le echará en cara todos sus pasivos: los derivados de su forma de gobernar y los que arrastra por una historia de pasividad frente al poder presidencial. Una trayectoria en la que los priistas suelen deponer su activismo en el momento que se les considera dentro de las listas para competir por puestos de elección popular, y lo retoman justo cuando se les excluye y les empiezan a hacer ojitos otros partidos.
Ya veremos, pues, si ante la amenaza de una derrota estrepitosa, el priismo es capaz de reinventarse. O al más puro estilo gatopardista, cambiar para que todo siga igual.
DM
Es momento de una pausa veraniega para renovar energías frente a los meses complicados que nos esperan. Con los mejores deseos para los lectores en esta temporada, el Mensaje Directo regresará el próximo 20 de agosto.