Plumas

Operativos como Mochila Segura son indispensables, pero no suficientes.
 

Lamentablemente el título de esta columna no alude a su connotación literaria, que sería obvia tratándose de su presencia en una escuela.

Me refiero a un tipo de arma en forma de bolígrafo que dispara balas calibre .22, que se consigue en el mercado negro desde unos cuantos cientos de pesos y que ya provocó un incidente en un plantel del Conalep en Azcapotzalco, en el que un estudiante fue herido accidentalmente por un compañero que introdujo ese artefacto a la escuela.

Los hechos ocurrieron el jueves y fueron exhaustivamente documentados en la edición del día siguiente en Excélsior, que lo destacó desde su primera plana. Y no era para menos: aún está fresco en la memoria el antecedente de la terrible tragedia ocurrida en un colegio de Monterrey, en el que un estudiante disparó contra su maestra y otros alumnos, para luego suicidarse.

Aunque aquel suceso reforzó la aplicación del operativo Mochila Segura, para evitar que jóvenes ingresen armados a las aulas, es claro que hay muchísimo más que hacer en materia de prevención.

Como expuso nuestro periódico en su portada de ayer sábado, la pistola tipo pluma que provocó el percance en el Conalep fue adquirida por medio de una comunidad de Facebook, y costó 350 pesos. Ya un día antes se había documentado que este tipo de artefactos se adquieren también en tianguis y armerías clandestinas. De acuerdo con mandos de la SSP capitalina consultados por el reportero Gerardo Jiménez, las plumas-pistola tienen mucha demanda entre los jóvenes y “como no se detectan fácilmente las pueden introducir sin ningún problema”.

En principio, reitero lo que dije el 22 de enero pasado a propósito de la tragedia en el colegio regiomontano: estamos rebasados por ese mundo subterráneo cibernético en el que se sumergen los jóvenes buscando respuestas que los adultos somos incapaces de darles, y donde encuentran hasta armas con las que pueden burlar operativos de detección.

Moraleja: operativos como Mochila Segura son necesarios e incluso indispensables, pero no suficientes. No existe un “Mochila Segura” que examine los cerebros de los estudiantes al momento de entrar a internet. No se ha inventado el “firewall” cerebral que bloquee sus intentonas de adquirir en la red instrumentos peligrosos, sea por simple diversión extrema o con una intención más perturbadora.

Tampoco es fácil culpar al progreso de la tecnología. Con la mejor intención, supongo que la invención de esta pluma-pistola obedeció a la idea de crear un mejor instrumento de protección. Si éste fue el sentido de la innovación, el resultado fue contraproducente.

Inventar el “detector” de plumas-pistola puede llevar tiempo, así que, mientras tanto, no queda de otra más que apelar a la responsabilidad de toda una sociedad de hacer todo lo posible para evitar que esta moda termine en otra tragedia.

Porque, no me cansaré de subrayarlo, no se trata de un mero accidente en el que un muchacho hirió accidentalmente a otro dentro de un plantel. Poner el reflector sobre esta anécdota debe sensibilizarnos a todos de que nunca, jamás, un arma, de la forma que sea, debe estar presente en una escuela.

Esta última frase deberíamos escribirla cien veces en un pizarrón, como se hacía a la usanza antigua en forma de castigo cuando se infringía una norma disciplinaria. Pero lo digo ahora con un sentido de crear conciencia. No necesitamos que pase otra tragedia para aprender de manera dolorosa una lección.

Es impostergable evitar a toda costa que nuestros estudiantes banalicen el manejo de armas al grado, casi, de considerarlas juguetes. Por eso es relevante denunciar el incidente del Conalep como ejemplo de algo que no nos podemos dar el lujo de repetir.

Y, de nueva cuenta insisto, aquí hay otro reto para el nuevo modelo educativo: luchar porque ninguna pluma envilezca su noble origen de ser un arma para el aprendizaje.

DM

Una real pluma en su sentido literal, valiente, comprometida, que con su escritura denunció atrocidades, fue silenciada de manera cobarde. El asesinato de Miroslava Breach, reportera de reconocida trayectoria en Chihuahua, no sólo enluta al gremio periodístico: es un agravio para toda la sociedad. A todos los ciudadanos nos vuelve vulnerables que se corte de tajo una voz crítica y de denuncia. Evitar la impunidad de este caso es indispensable.

Tristeza e impotencia.

                Twitter: @Fabiguarneros

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