Formatos
Los mexicanos están cada vez más felices con su vida personal y menos con la pública. Al menos así se desprende de la información dada a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía Inegi. De acuerdo con la nota publicada el pasado viernes en la ...

Fabiola Guarneros Saavedra
Mensaje directo
Los mexicanos están cada vez más felices con su vida personal y menos con la pública. Al menos así se desprende de la información dada a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
De acuerdo con la nota publicada el pasado viernes en la sección Dinero de Excélsior, la satisfacción de los mexicanos con la vida tuvo un promedio de 8.1 puntos sobre 10 en el mes de julio de 2016, un alza de una décima comparado con el mismo mes del año anterior. Los indicadores de bienestar subjetivo del Inegi revelan un promedio de 8.6 puntos de satisfacción en las relaciones personales (vida familiar y con los amigos), de 8.5 con la actividad u ocupación y de 8.4 con la vivienda.
En contraparte, los mexicanos tienden a estar más inconformes con la seguridad ciudadana (5.1 puntos, con un retroceso de tres décimas en un año), la situación del país (6.2 puntos, con una caída de cuatro décimas) y la situación de su ciudad (7.0 puntos, con una baja de dos décimas).
De cara al Cuarto Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, es una información a tenerse en cuenta. Aunque hay muchos otros termómetros con los cuales evaluar la situación del país y su perspectiva hacia el futuro, el estado de ánimo es un indicador palpable, visible, que se manifiesta en las calles, la charla cotidiana, camino al trabajo, en la sobremesa y las redes sociales.
Una lectura de la estadística revelaría que los mexicanos tendemos a confiar más y sentirnos más cómodos en nuestros microcosmos más cercanos (hogar, escuela, trabajo, amistades) que en los espacios públicos e institucionales. Esta mala evaluación es consecuencia de fallas en los gobiernos, sin duda. Ya sea porque no han cumplido su deber, o lo que sí han hecho bien no lo han sabido comunicar.
La Presidencia de la República anunció un cambio de formato en el Informe del próximo jueves. En lugar de dar un mensaje posterior a la entrega del documento al Congreso de la Unión, esta vez se ha anunciado un encuentro con jóvenes, a quienes se les expondrá cómo los impactarán las reformas emprendidas por su gobierno.
De esta forma, el gobierno plantea ser congruente con el eje discursivo que ha sostenido durante los últimos años. Sin embargo, y ya que se emprendió un cambio de formato, sería deseable que esta modificación fuera más allá de la simple promoción de las reformas y fuera sensible a los distintos signos de preocupación lanzados por numerosos sectores, y que en su conjunto forman parte del desánimo que invade a buena parte de la sociedad.
Es, por supuesto, muy relevante dirigirse a los jóvenes y responder a sus inquietudes, tomando en cuenta el panorama incierto que les espera. Pero no son los únicos que tienen algo que decir. Ellos serán los interlocutores, pero el mensaje deberá llegar a todos, sobre todo a los muchos que esperan una respuesta.
Por ejemplo, los niños que no han podido beneficiarse de la Reforma Educativa al no resolverse el conflicto con la CNTE, así como los consumidores de luz y gasolina, que aún no han atestiguado la baja en tarifas prometida por la Reforma Energética.
De la misma forma los empresarios esperarán un mensaje dirigido a ellos, sobre todo por los recientes desencuentros provocados por la Ley 3de3 y las afectaciones a negocios provocadas por el movimiento magisterial. Algo habrá de decirse en materia de matrimonio igualitario, relegado por el PRI, pero que mantendrá tensiones entre los grupos civiles que lo apoyan y sus detractores, entre los cuales figura la Iglesia.
Y, sobre todo, estarán atentas las firmas calificadoras y el Banco de México, que han puesto la alerta sobre el endeudamiento del gobierno y, más crítico aún, detectan debilidades en la gobernabilidad que reflejan una débil aplicación de la ley y la percepción de corrupción, factores que juegan en contra de los esperados beneficios de las reformas estructurales.
Sí, el nuevo formato es la gran oportunidad para expresar un cambio en el fondo. Puede ser el momento para un mensaje que vaya más allá del recuento de las acciones y responda a las preocupaciones de quienes tienen motivo para caer en el desánimo. Dicho sin retórica, el Presidente y los jóvenes que lo acompañarán tienen la palabra.
Twitter: @Fabiguarneros