¿Merolicos o constituyentes?
Reducida su exposición a 30 segundos en spots, los aspirantes a constituyentes limitan su ideario a frases hechas y promesas incumplibles, que muy pocos votantes tomarán en serio.
La Ciudad de México no elegirá gobernador ni alcaldes en junio próximo, pero sus habitantes han estado sometidos recientemente a un intenso bombardeo propagandístico de candidatos que se presentan como si fueran políticos distintos a los tradicionales, aunque sus promesas suenan a lo mismo de siempre.
Transporte verde de vanguardia, internet gratuito, liberarse del ambulantaje y de la inseguridad, que no falte el agua las 24 horas del día, becas-salario para estudiantes, revocación de mandato, adiós fueros y privilegios, derecho a amar libremente, que nadie se atreva a contaminar nuestro aire, reescribir la historia de la ciudad...
Es explicable por la vaguedad y desmesura del ramillete de propuestas que nos han inundado a últimas fechas. Quienes las formulan no son aspirantes a ejercer una función ejecutiva o administrativa (sí así fuera, ni de locos se atreverían a ofrecer agua las 24 horas del día), sino que aspiran a formar parte de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México que será elegida el próximo 5 de junio.
¿Qué es esa cosa y con qué se come? Si nos atuviéramos a lo que dice la propaganda de la mayoría de los candidatos a formar parte de ese congreso especial (incluidos, lamentablemente, algunos independientes), se trata de una especie de reunión de merolicos que con su sola palabra decretarán la solución a los problemas de la metrópoli.
Lo cual lleva a pensar que es más o menos inútil que los aspirantes compitan entre ellos si básicamente proponen las mismas cosas. Un mensaje recurrente en los spots es el del respeto a la diversidad sexual, bandera de los partidos de izquierda que les ha sido arrebatada por la reciente iniciativa del gobierno federal para facilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Hasta donde se sabe, el objetivo de la Asamblea es redactar la Carta Magna que regirá a los habitantes de la capital mexicana. Por lo tanto, es de esperarse que los candidatos a diputados harán hasta lo imposible por que en ese documento quede consignado que el internet deberá ser gratuito, supongo como lo es la educación básica en el ámbito federal. Por supuesto, de lo que se trata es que esa propuesta esté consignada en alguna parte del articulado. No se debatirá si es viable u oportuna financieramente, ni si se requerirá de algún reglamento que especifique quién es el encargado de instrumentar y costear en la práctica tal ordenanza. Que de eso se encarguen otros. Prometer no empobrece.
Por desgracia, lo que parecía en una primera instancia una reforma histórica que transformaría en lo profundo la manera de ejercer la política y de involucrar a la ciudadanía en el ex Distrito Federal parece que terminará como otro parto de los montes. Y es que, tratándose de un momento especial y único, la manera de convocar a la Asamblea Constituyente debió ser otra, alejada de los clásicos arreglos y disputas entre partidos y preponderantemente concentrada en un ejercicio ciudadano de largo aliento, que hubiera partido de un amplio ejercicio de información masiva y sensibilización social sobre la importancia que tiene este nuevo marco jurídico.
De entrada, el ejercicio será inédito no por su ejemplaridad, sino por las anomalías en su organización. Sólo como muestra, diez candidatos independientes cuyo registro fue negado por el Instituto Nacional Electoral y otorgado después por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, contarán con la mitad de los recursos para hacer campaña que tienen los 11 aspirantes que fueron aceptados inicialmente. Una irregularidad que no sólo pone en entredicho la equidad de la contienda, sino que pone en riesgo de impugnaciones formales al proceso de elección y, por tanto, a su producto final.
Expuesto a la demagogia de otros procesos electorales, el ciudadano de la capital ve con apatía e indiferencia en su televisión el desfile de candidatos, algunos ya conocidos por ser figuras políticas nacionales, y otros que, por no tener partido, difícilmente volverá a ver en caso de no lograr la diputación. Reducida su exposición a 30 segundos, los aspirantes a constituyentes limitan su ideario a frases hechas y promesas incumplibles, que muy pocos votantes tomarán en serio porque nadie se ha tomado la molestia de explicarles qué sentido tiene ir a las urnas dentro de dos semanas. Qué manera de desperdiciar un momento histórico, los ciudadanos ya no creen en los merolicos ni en sus productos milagro.
Twitter: @Fabiguarneros
