Llamado a misa
Como anticipo de una visita pastoral con una profunda carga política, el papa Francisco se ha propuesto redimensionar palabras que la dinámica social de nuestro país ha terminado por desgastar. Una de ellas es diálogo, la cual subrayó al responder a ciudadanos ...
Como anticipo de una visita pastoral con una profunda carga política, el papa Francisco se ha propuesto redimensionar palabras que la dinámica social de nuestro país ha terminado por desgastar.
Una de ellas es diálogo, la cual subrayó al responder a ciudadanos mexicanos durante el inédito ejercicio de interlocución con el Pontífice, realizado por la agencia Notimex en conjunto con la televisión vaticana, y publicado el pasado miércoles.
El propio formato de videoconferencia es en sí mismo un símbolo del talante conversacional que ha distinguido al jefe de la Iglesia católica: escuchar a ciudadanos que de propia voz le expresan su admiración y esperanza, para dirigirles un mensaje en el que cada palabra fue cuidadosamente meditada y lentamente pronunciada, sin dejar resquicio a la retórica.
Así ocurrió cuando mencionó como palabra clave el diálogo: entre los dirigentes, con el pueblo, entre todo el pueblo. Diálogo como instrumento de paz, como expresión de fe. Y al que definió como estar abierto a hablar con el otro, a escuchar sus razones, a dejarse corregir.
En un país en el que el diálogo se da entre sordos, en el que las voces sólo compiten por ser la más alta para opacar a la del adversario, o que sólo existe como mero protocolo formal mientras que los actores sociales prefieren dirimir sus diferencias pateándose debajo de la mesa, el concepto enarbolado por Francisco no puede ser soslayado como quien desaira el llamado a misa.
Diálogo en oposición a ruptura. Sin estridencia, pero de forma contundente, el Papa definió su misión de paz para un país que vive su propio “pedacito de guerra”, el cual no dudó en relacionarlo con la violencia, el crimen organizado, la corrupción, la trata de personas y la desunión.
Conocedor del momento por el que atraviesa la institución eclesiástica, Francisco sabe que no basta una homilía para, dicho con sus palabras, pelear por la paz que proclama. Sabe que, aun siendo muy fuerte, la capacidad de convocatoria del catolicismo ha menguado con el paso de los años. Son insuficientes los hábitos y las sotanas para convocar a cientos de miles de personas que, incluso, simplemente por flojera dejaron de asistir a los sermones dominicales.
Por ello, Jorge Bergoglio anunció que no llegará como Rey Mago ni a pasar la canastita, sino como un peregrino que sostiene que la fe debe salir a la calle, no quedarse enfrascada como en una lata de conserva, sino que debe expresarse en el entendimiento con los demás. Así, refrendó, la fe tiene que expresarse en el diálogo.
Y aunque él mismo no le dio el calificativo de palabra clave, es pertinente valorar una de las frases que tiene sentido por sí misma en su alusión al credo guadalupano, pero que en un contexto de acción política tiene una connotación mucho más atrevida.
“No tengan miedo de salir”, es la oración con la que cierra Francisco, y que va más allá del llamado a hacer una fe callejera, que no se quede sólo en la procesión. Renovar la fe, dijo, quiere decir hacerla “salidora”, que no le tema a los conflictos, sino que busque solucionarlos, desde los escolares y familares hasta los sociales y económicos. Un compromiso que, recordó, tiene sus riesgos y peligros.
Habrá quien sólo vea en estas palabras un mensaje previsible circunscrito exclusivamente al ejercicio de un ministerio espiritual, en el que las palabras están más vinculadas al rito que a una arenga. Yo más bien pienso que en estas frases, Francisco aspira a calar hondo en el ánimo de los fieles, a los cuales necesita presentar una Iglesia católica con un fuerte liderazgo como factor de solución y de alivio para comunidades agraviadas.
No creo que esté pensando en grillitas ni grillotas, las cuales no dudo que conozca. No creo tampoco que esté pensando en mensajes crípticos o entre líneas para que entienda tal o cual personaje, ni en regaños o reprimendas. Si Francisco refrenda la línea de discurso que dejó ver en su respuesta a ciudadanos mexicanos, estaremos frente a un Pontífice que cree genuinamente que acabar con el “pedacito de guerra” mexicano pasa necesariamente por la recuperación de la fe, entendiéndose ésta por la pérdida del miedo.
Twitter: @Fabiguarneros
