Que no se olvide

Frente a un problema coyuntural, la alternativa son las soluciones negociadas que transiten por las vías institucionales.

Una nueva consigna tiene que inventarse, a la de ya, y podría ser: “30 de septiembre no se olvida”.

Independientemente del curso que siga el movimiento estudiantil en el Instituto Politécnico Nacional, el capítulo que atestiguamos el pasado martes marca un antes y un después, un referente que, por la salud del propio país, debiera convertirse en modelo.

Primero, la organización de miles de jóvenes unidos por una causa común: el rechazo a la aplicación de políticas que consideran lesivas a su formación académica y en demérito de la calidad de la educación. Tengan o no razón en el fondo de sus argumentos, los rostros de los alumnos que tomaron las calles reflejaron una convicción de estar en lo correcto, que respaldaron con la impecable limpieza de su movilización.

Protegidos con sus propios medios contra la infiltración de provocadores, armados con sus credenciales, cordones y bolsas de plástico para no dejar basura en las calles, sin cubrirse el rostro, sin palos, cohetes, ni ninguna clase de objeto agresivo, los estudiantes corearon con alegría sus huélum, enfundados muchos de ellos en las mismas batas con las que asisten a clases.

Los jóvenes recorrieron las calles sin afectar los negocios y establecimientos que cada 2 de octubre tiemblan ante la siempre esperada presencia de provocadores y vándalos, los cuales se escudan en un falso anarquismo para envilecer una manifestación, que justo recuerda a quienes cayeron hace 46 años en busca de las libertades que los alumnos politécnicos honraron la tarde del martes con su ejemplar manifestación.

Segundo, esa misma tarde, el gobierno federal nos dio una imagen histórica: el diálogo en el templete de Bucareli mostró que dos partes en conflicto son capaces de negociar si hay claridad en el problema a resolver.

El secretario Miguel Ángel Osorio Chong de inmediato reconoció la legitimidad del movimiento y ofreció dar una respuesta pronta. Y así lo hizo el pasado viernes, cuando después de las 15:00 horas, reunidos nuevamente en la calla de Bucareli, les dijo sí a los 10 puntos del pliego petitorio.

Cabe destacar la madurez de los estudiantes mostrada ese martes 30 de septiembre, cuando dieron su aval como interlocutor al secretario de Gobernación y expusieron con firmeza su decisión de dar el tiempo suficiente para no obtener una solución al vapor.

Y llegó el viernes, y la pregunta es ¿qué pasó con esa madurez de los estudiantes del IPN? ¿No se dieron cuenta de que ganaron? ¿Les dio miedo aceptar su triunfo? Quizá ni siquiera lo vieron, porque sería muy triste pensar que tuvieron en sus manos esa victoria y la dejaron ir por preservar esa falsa idea del radicalismo a ultranza, que sólo erosiona el diálogo y los acuerdos.

Los estudiantes del “Poli” entregaron ese martes un pliego petitorio, supongo consensuado, estudiado, que representaba sus demandas. Gobernación les dijo el viernes sí a todo y los jóvenes pidieron tiempo para consultar la respuesta. ¿Usted entendió? Yo no.

¿Por qué tan pronto olvidamos las lecciones? No se trata de echar las campanas a vuelo, pero sí de dar el valor que merece a los gestos expresados en esta negociación. Lo que vimos el martes parece apenas una semilla que ojalá esta generación cultive y aproveche. Su principal fruto deberá ser la tolerancia: ya no es hora de maximalismos, de pretender que la solución a los problemas del país pasa por el aniquilamiento o la extinción del contrario.

Como Excélsior documentó, el orden, el respeto, la paz y la honestidad son las premisas de este amplio grupo de jóvenes que encontró en las redes sociales la vía para organizarse eficazmente. Con una inteligencia de la que ya no hacen gala muchos políticos de mi generación, se abstuvieron de participar en las celebraciones del 2 de octubre precisamente para no contaminar la legitimidad de sus exigencias. Así obtuvieron el reconocimiento de quienes recuerdan cada año a las víctimas del autoritarismo.

A ellos nunca podremos olvidarlos y siempre será necesario recordar esa página negra para evitar que se repita. Eso lo tengo claro. Pero, por lo mismo, y para honrar la memoria de aquellos cuya vida fue truncada en su juventud por un ideal, el diálogo del martes es una buena oportunidad para un parteaguas. Pasar del “no se olvida” a un “ya es otro México”, el que quiere soluciones abiertas, de cara a la sociedad, en la que gobierno y ciudadanos sean capaces de verse y hablar de frente, y lo más importante, ponerse de acuerdo en una solución.

No más gritos lastimeros ni frases hechas convertidas en consignas repetidas mecánicamente. Frente a un problema coyuntural, la alternativa son las soluciones negociadas que transiten por las vías institucionales. Y así como se puede negociar la derogación de un reglamento o la salida de una directora, así se pueden plantear muchos de los desafíos de una nación a la que aún le duelen la pobreza y la inseguridad.

Pero también necesitamos como sociedad saber ganar. Reconocer que los tiempos de la política han cambiado y que somos nosotros, los ciudadanos, capaces de lograr esas transformaciones.

Atestiguamos la semilla de una nueva generación que cree que es posible apostar por la vía civilizada a la construcción de un futuro. No permitamos que se intente pervertir y capitalizar clientelarmente una movilización que ha tenido en la espontaneidad su principal virtud. Que lo aprendido esta vez nunca se olvide, por favor.

                Twitter: @Fabiguarneros

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