Excesos

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Fabiola Guarneros Saavedra 06/04/2014 03:08
Excesos

“La feria de las desconfianzas” era la forma coloquial con la que el fallecido doctor Jorge Carpizo solía referirse al recelo que causan los procesos electorales a un número significativo de mexicanos, y que hacen de las reformas en la materia una historia sin fin.

El reconocido jurista, cuyo fallecimiento ocurrió hace dos años, no alcanzó a ver cuán vigente siguió su metáfora durante las elecciones federales de 2012. Simplemente recordemos cómo se nutrió ese parque de diversiones de la política cuando militantes de izquierda presentaron gallinas, patos y otros animales de granja como “prueba” de una presunta “compra de votos”.

Y si bien ha sido el lopezobradorismo el más consistente en sembrar dudas sobre la rectitud de los comicios, la oposición panista tampoco canta mal las rancheras, y prueba de ello es una propuesta de sus grupos parlamentarios en el Congreso de la Unión para ser incluida en la nueva Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, a discutirse en los próximos días.

De acuerdo con la nota publicada por la reportera Leticia Robles de la Rosa el pasado viernes en Excélsior, diputados y senadores panistas buscarán que se incluya entre las causas de nulidad electoral el “exceso” en la de difusión de notas y entrevistas periodísticas con políticos.

“Se considerará que hay exceso de cobertura informativa cuando en programas de entrevistas o informativos se tenga como propósito presentar y promover una candidatura, se difundan en repetidas veces en distintos espacios de manera prolongada, sobrepasando el ámbito periodístico y la auténtica labor de la información”, dice un pasaje de la propuesta.

Otro párrafo señala que “se considerará que hay excesos en la cobertura informativa cuando se acredite que los contenidos de las transmisiones en los medios de comunicación, por su estructura y contenido, no atendieron a la finalidad única de informar al público o se insertaron fuera de los bloques informativos, sin señalar la autoría de los mismos; así como dicha información se haya difundido en número ilimitado de veces y en un contexto específico que le haya hecho perder su calidad de labor periodística”.

De prosperar este proyecto  “será nula una elección cuando se acredite la compra o adquisición de tiempos en radio y televisión o se acredite el exceso en la cobertura informativa en donde, de forma evidente, se actualice una violación al principio de equidad en la contienda”.

Asimismo, agrega, “la compra o adquisición se tendrá por acreditada cuando se demuestre la existencia de contratos o contraprestación, o que en forma inequívoca en la campaña electoral los medios de comunicación hayan emitido mensajes cuyo contenido haya tenido por objeto o fin presentar o promover una candidatura ante los electores”.

Una forma de interpretar en palabras coloquiales la intención de esta propuesta sería decir que el mejor remedio para acabar con el dolor de cabeza… es cortar la cabeza. O bien, equivale a bañar al niño y después tirar el agua sucia… con todo y niño.

Es claro que la iniciativa blanquiazul está encaminada a terminar con el hábito de algunos políticos de comprar espacios en medios, disfrazando su propaganda con supuestas entrevistas periodísticas, que resultan difíciles de fiscalizar si no generan facturas o recibos de pago.

Se puede estar perfectamente de acuerdo con que se trata de una práctica éticamente reprobable e incluso ilícita en el caso de demostrarse un mal uso de los recursos públicos. Pero combatirla no implica reglamentar en su conjunto todo el ejercicio periodístico, como si éste fuera el objeto de la sospecha.

Y no me refiero a la impráctica e imposible pretensión de establecer parámetros y fijar límites a una actividad intelectual subjetiva como es el periodismo (¿dónde termina “la auténtica labor de la información” y dónde comienza el “exceso de cobertura informativa”?), sino al hecho de que esta propuesta, tal como está planteada, es contraria a la naturaleza misma de la política electoral, que presupone la difusión de las propuestas y la confrontación de ellas para que el elector tenga la mayor cantidad de elementos para decidir.

Los periodistas saben que si un candidato concede una entrevista es porque le interesa promover sus ideas. Ahora mismo, Acción Nacional está inmerso en un proceso interno en el que sus dos candidatos a líder nacional están en campaña y después de cada acto proselitista responden a las preguntas de los reporteros (“chacaleos” se les llama en el argot reporteril) o bien conceden entrevistas exclusivas a medios. Sería interesante que los legisladores panistas nos ilustraran sobre cómo aplicar ese rasero para saber si los medios ya incurrieron o no en “exceso de cobertura”.

Además, la propuesta de limitar que una entrevista se difunda “un número ilimitado de veces” suena anacrónica en plena era de estrategias multimedia que hoy en día se combinan con los canales digitales y las redes sociales. ¿Será causa de nulidad que una misma entrevista acumule millones de vistas en YouTube, sea compartida miles de veces en Facebook y replicada por igual en Twitter? 

Yo pienso que, lejos de limitar, el mejor antídoto contra los trinquetes electorales es precisamente el exceso de cobertura. En las épocas de la hegemonía priista, la inequidad consistía en que la mayoría de los medios se sujetaba sólo a la versión oficial y la oposición era inexistente. Hoy, la que es hegemónica es la pluralidad y no conviene debilitarla.

Lo que necesitan los electores es exceso de información, de datos, de comparación, de cuestionamientos. Mientras más voces hablen, expongan, critiquen y confronten, mayores elementos tendrán los ciudadanos para decidir su voto. Y en esa pluralidad y abundancia será más fácil que queden exhibidos los políticos deshonestos que disfrazan su propaganda de información. 

Al contrario de como se dice en la publicidad de bebidas alcohólicas, en materia de difusión y discusión de ideas sí conviene el “todo con exceso, nada con medida”.

                Twitter: @Fabiguarneros

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