De vuelta a la grilla

Nacido con gen panista, Calderón se meterá de lleno en el proceso de renovación de la dirigencia blanquiazul...

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Fabiola Guarneros Saavedra 26/01/2014 01:36
De vuelta a la grilla

Una de esas leyendas urbanas de la política mexicana le atribuye a los expresidentes de la República el poder de seguir moviendo ciertos hilos de la vida nacional después de su mandato.

Y resulta creíble, si se considera el enorme poder que durante el siglo pasado acumularon los señores Presidentes, lo que les permitía, incluso, designar a su sucesor. Pero esa facultad de incidir en la vida política aun después de su sexenio se vio severamente disminuida en los años de la transición democrática y durante la alternancia del poder.

Lo cierto es que, al menos en lo que se veía públicamente, los mandatarios de extracción priista mantenían una presencia menos preponderante en la escena nacional, lo que no significaba su retiro de la política. Miguel de la Madrid, por ejemplo, ocupó la dirección del Fondo de Cultura Económica; Carlos Salinas (después de buscar en el extranjero un lugar dónde vivir) pretendió, sin lograrlo, la presidencia de la naciente Organización Mundial de Comercio y después se fue a Europa, mientras Ernesto Zedillo se incorporó como consultor en diversas compañías internacionales.

Es difícil documentar con datos duros y constatables si siguieron ejerciendo poder e influencia desde los lugares donde andaban, y si fue así, en qué magnitud lo lograron. Pero esa circunstancia nunca ha importado en la mitología política mexicana, tan necesitada de villanos y personajes todopoderosos que maniobren desde la tenebra, por eso tanto alboroto con la aparición el pasado jueves de Zedillo y Calderón en el Foro Económico de Davos, Suiza.

El caso contrario lo representan los dos expresidentes de la era panista que, lejos de mantener el bajo perfil que prefirieron sus antecesores, optaron por hacer notoria su presencia.

En Vicente Fox, esta conducta se dio natural dado su carácter extrovertido, su personalidad lenguaraz y su reiterada pretensión de asemejar su Presidencia a los estándares estadunidenses, como lo expresara su insistencia en seguirse llamando a sí mismo “Presidente” después de concluir su mandato, y su fallida intención de dedicarse a dictar conferencias magistrales. Esta última era una empresa destinada al fracaso por la misma proclividad del guanajuatense a hablar de lo que sea y donde sea a la menor provocación: ¿Quién iba a pagar por algo que él mismo ofrece gratis?

Orgulloso de romper cuantas reglas de oro de la política mexicana hubiera y ya como expresidente, Fox nunca tuvo la intención de guardar silencio cada vez que tuvo enfrente un micrófono, y solía llamar la atención no sólo por la hilaridad de sus dichos, sino por la propia trascendencia del cargo que detentó.

En las épocas del presidencialismo todopoderoso, su actitud le habría valido el exilio simbólico por interferir en la gestión de su sucesor (por no hablar de su llamado a votar en 2012 por Enrique Peña Nieto). En la era de la presidencia acotada, sus declaraciones formaron parte de la inagotable tradición de la picaresca política.

Donde ha sido más activo y más serio —hasta donde puede serlo— es en las actividades del Centro Fox, igual ha traído a cantar a Elton John que promovido un debate internacional como el de la legalización de las drogas (al lado de los exmandatarios de Colombia, César Gaviria, y de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, entre otros destacados personajes), lo cual sí tendría algún impacto relevante en la política mexicana, sobre todo por la relevancia que el narcotráfico ha alcanzado en los años recientes.

Menos dado a la declaración de banqueta, Felipe Calderón tampoco ha hecho mutis. Alejado del país por una beca académica en Harvard, ha mantenido una actividad constante en su cuenta de Twitter, lo mismo para opinar de futbol que para defenderse del espionaje en su contra que perpetró Estados Unidos.

En todo caso, su activismo no ha tenido como objetivo primordial influir en el actual gobierno ni insertarse en los grandes debates internacionales, sino meter la cuña en su partido, Acción Nacional. Ya en mayo pasado, en los días previos a la remoción de Ernesto Cordero como coordinador de la fracción panista en el Senado, usó su cuenta en la red social para recordar una “vieja regla del PAN”, la de no ventilar por fuera los asuntos internos.

Nacido con gen panista —como bien lo definió el diputado Juan Pablo Adame en entrevista con Ivonne Melgar (Excélsior, 22 de enero)—, Calderón se meterá de lleno en el proceso de renovación de la dirigencia blanquiazul, un poco al estilo Fox, por medio de la figura de una organización civil.

En efecto, nuestro periódico informó en la edición del pasado martes que Calderón presentará el próximo 12 de febrero la Fundación Desarrollo Humano Sustentable, que en el papel se propone “contribuir con estudios, opiniones y propuestas de solución para resolver la problemática nacional”. Se trata en realidad del relanzamiento de una agrupación creada en 2004 que, como bien recuerda la nota del reportero Héctor Figueroa, le permitió emprender la búsqueda de la nominación panista a la Presidencia de la República.

Diez años después, es difícil pensar que esta fundación no vaya a cumplir una función política análoga, sobre todo porque el anuncio de su relanzamiento coincide con el arranque del proceso sucesorio en el PAN, marcado por el enfrentamiento entre el grupo calderonista y el que es afín al actual líder, Gustavo Madero.

Sus correligionarios no pueden llamarse a sorpresa. En agosto de 2012, durante una reunión privada en Jurica, Querétaro, Calderón ya les había advertido a los panistas que después de la Presidencia, si algo le sobraría era tiempo para grillar. No sólo para tuitear.

                Twitter: @Fabiguarneros

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