Israelíes y palestinos: crónica de un incendio anunciado

El secuestro y el asesinato perpetrados por Hamas contra tres jóvenes judíos estudiantes detonaron el conflicto.

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Esther Shabot 06/07/2014 00:42
Israelíes y palestinos: crónica de un incendio anunciado

Las condiciones estaban dadas para la radicalización: las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos habían fracasado rotundamente a fines de marzo pasado, la Autoridad Nacional Palestina reaccionó anunciando su reconciliación con el Hamas a fin de construir un gobierno de unidad nacional, y el gobierno israelí respondió a su vez con sanciones y un reforzamiento de su proyecto de expansión de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén oriental. Se montaba así el escenario perfecto para que los extremistas en ambos bandos llevaran agua a su molino y lograran destapar la caja de Pandora que diseminaría sus demonios para devorar los cada vez más reducidos espacios de moderación y cordura que a duras penas habían sobrevivido.

El detonante estuvo en el secuestro perpetrado por radicales del Hamas de tres jóvenes judíos estudiantes de una escuela religiosa en la zona aledaña al asentamiento de Gush Etzión en Cisjordania, muy cerca de la ciudad de Hebrón. A partir de este hecho la bola de nieve empezó a crecer y a cobrar dimensiones cada vez más amenazantes. Redadas, capturas, choques entre fuerzas de seguridad israelíes y presuntos sospechosos palestinos de tener que ver con el secuestro alimentaron la hostilidad.

Diecinueve días después los cadáveres de las tres víctimas del secuestro fueron encontrados. Para entonces el clima en la opinión pública ya estaba lo suficientemente envenenado como para que la sensatez pudiera contener los ánimos exaltados. Las encendidas declaraciones y amenazas de la ultraderecha israelí incrustada en el corazón del gobierno actual, las advertencias del Hamas de que desataría un “infierno” si Israel se atrevía a emprender acciones punitivas y la eficiencia de los medios de comunicación y de las redes sociales para magnificar las cosas hasta extremos no vistos desde hace tiempo en situaciones similares, consiguieron justamente lo que los extremistas anhelaban: polarizar las posiciones, alimentar los odios y generar una atmósfera de confrontación y satanización mutua que derivara en una expansión del fuego.

De nada sirvió para apaciguar los ánimos la condena del secuestro realizada por el presidente palestino Mahmoud Abbas, como tampoco han ayudado gran cosa las voces de políticos y ciudadanos israelíes de izquierda y de centro que exhortan a guardar las proporciones y mantener la cordura en el manejo de esta crisis. Así, al tiempo que decenas de cohetes están siendo lanzados por el Hamas y sus aliados contra poblados del sur de Israel con las consecuentes represalias israelíes mediante ataques aéreos, un joven palestino fue secuestrado y asesinado en Jerusalén presuntamente por extremistas judíos ávidos de cobrar venganza. Amagos de linchamientos de árabes se han producido en diversos lugares de Israel junto con choques entre fuerzas de seguridad y manifestantes que protestan. En este contexto, los discursos de odio y venganza se multiplican en el seno de ambas sociedades sin que hasta el momento se escuchen las voces de los altos liderazgos políticos intentando poner un alto a toda esta violencia desbordada.

No cabe duda que con este panorama a la vista los radicales de ambos bandos están de plácemes. Han conseguido adueñarse de las riendas del acontecer regional a fin de promover sus respectivas agendas políticas. El Hamas y demás agrupaciones islamistas refuerzan su eje programático de destruir Israel y la ultraderecha israelí a su vez obtiene el empuje social necesario para mantener la ocupación de territorios palestinos y seguir construyendo asentamientos a pasto. Todo ello pagado con el sufrimiento tanto de la población israelí del sur del país que se ve ferozmente atacada por las andanadas de cohetes provenientes de Gaza, como por los muchos árabes, israelíes y palestinos que sin militancia en las agrupaciones terroristas son objeto en estos momentos de intentos de venganza de parte de quienes han perdido la cabeza en este torbellino de odio desatado y alentado por líderes irresponsables en ambas partes y medios de comunicación que les han hecho eco.

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