Bashar al-Assad refuerza su dominio

Todo indica que la expectativa de que abandone el poder se está extinguiendo.

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Esther Shabot 18/05/2014 00:00
Bashar al-Assad refuerza su dominio

En las últimas semanas, las fuerzas del régimen del Presidente sirio han recuperado plazas importantes, como la ciudad de Homs, después de expulsar de ahí a cerca de dos mil rebeldes, quienes se retiraron luego de un acuerdo de rendición ante sus rivales. Todo indica ahora que la expectativa de que Al-Assad abandone el poder se está extinguiendo, ya que la feroz respuesta gubernamental contra los disidentes a lo largo de tres años, la fragmentación de los rebeldes en un abanico amplio de subgrupos, a menudo opuestos entre sí, y el contexto internacional actual, cuya naturaleza benefició a Al-Assad, han constituido el salvavidas que está permitiendo a éste no correr la suerte de Ben Alí, en Túnez, y de Mubarak, en Egipto.

Bashar al-Assad llegó al poder en el año 2000, tras la muerte de su padre Hafez —quien desde 1970 gobernaba autocráticamente también—, y se apresta ahora a competir en elecciones generales para iniciar un tercer periodo presidencial de siete años a la cabeza de su país. Los comicios están programados para el 3 de junio próximo y son los primeros en la historia moderna de Siria donde hay más de un candidato a la Presidencia. Se presentarán, además de Al-Assad, otros dos candidatos prácticamente desconocidos y que fueron aprobados por el Poder Legislativo de entre 23 aspirantes. Uno de ellos es un excomunista de la ciudad de Aleppo y el otro, un hombre de negocios de Damasco. Es evidente que esas dos figuras no poseen la más mínima probabilidad de derrotar a Al-Assad, cuya base de poder es formidable y cuya propaganda visual, con elogios desmedidos a éste, está profusamente desplegada a lo largo y ancho del país, con el soporte adicional de los medios de comunicación masiva, controlados monopólicamente por el régimen. Las elecciones serán así la fachada perfecta para presumir una democracia inexistente.

Tal como se ve el panorama, Al-Assad está resurgiendo como un ave fénix que ha contado a su favor con una situación internacional en la que se percibe una claudicación de las naciones que pretendían su retiro. Las propuestas de Ban Ki-moon de organizar un encuentro Ginebra III, como parte de un esfuerzo colectivo para resolver mediante la diplomacia el embrollo sirio, no han tenido éxito, fundamentalmente, porque hoy por hoy, para Estados Unidos y la Unión Europea, las prioridades son otras, al estar concentrados en un tema mucho más desafiante y riesgoso: la suerte de Ucrania y la tensión creciente con Rusia a raíz de la anexión de Crimea y de los acontecimientos derivados de ello.

Este escenario constituye sin duda una tragedia de dimensiones monumentales para el pueblo sirio. Es altamente probable que Al-Assad recupere su dominio absoluto y dictatorial sobre Siria tras más de tres años de guerra civil, 150 mil muertos, nueve millones de refugiados y desplazados, además de una destrucción pavorosa de ciudades, aldeas y fuentes de trabajo. Con la colaboración activa del Hezbolá libanés, aunada al apoyo iraní y ruso, el control actual de Siria en manos nuevamente del clan alauita de los Al-Assad hace concluir que todo este proceso de lucha, destrucción y muerte ha tenido un resultado profundamente fallido. Al igual que otros segmentos de la denominada Primavera Árabe, que tanto optimismo generó en un principio, el cuadro que ofrece Siria hoy revela un panorama, en el corto y mediano plazo, quizá más sombrío aun que el que prevalecía antes del inicio de las protestas populares.

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