El obispo libanés y la visita papal a Jerusalén

No se trata de un viaje con las características que poseen las visitas papales a naciones con mayoría de población cristian.

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Esther Shabot 11/05/2014 00:00
El obispo libanés y la visita papal a Jerusalén

El papa Francisco realizará una visita pastoral a Jordania, Cisjordania e Israel el próximo 24 de mayo. No se trata evidentemente de un viaje con las características que poseen las visitas papales a naciones con mayoría de población cristiana. En el caso de este viaje al Cercano Oriente, el carácter esencialmente musulmán y judío que posee dicha zona constituye un elemento que otorga a la presencia papal ahí una misión de estímulo a relaciones interreligiosas más cercanas y cordiales, además del natural apoyo que intenta transmitir a las minorías cristianas ahí residentes. Ni qué decir también de la importancia religiosa inherente a esa región, donde el cristianismo nació y se desarrolló en sus primeras etapas, y donde abundan los sitios consagrados por la tradición cristiana al ser parte de sus raíces más entrañables. Jerusalén es, en ese sentido, uno de los lugares más reverenciados y objeto frecuente de peregrinaje fervoroso.

Pero tal vez justo todos esos factores conjugados están empezando a generar ciertas complicaciones. Por lo pronto, lo que ha brincado al escenario es la acerba crítica que ha merecido de parte de un sector importante de la prensa y la opinión pública árabes el anuncio hecho por el cardenal Beshara Boutros al-Rai, cabeza de la Iglesia católica maronita de Líbano, de su plan de viajar a Jerusalén para entrevistarse con el papa Francisco. Líbano, oficialmente en estado de guerra con Israel, prohíbe a sus ciudadanos visitar ese país o tener contacto con él y sus ciudadanos. La crítica a la visita de al-Rai se nutre además de otros elementos. El periódico libanés As Safir la califica como “un pecado histórico”, mientras en el editorial del diario Al Akhbar se acusa a al-Rai de “sentar un precedente peligroso” al abrir la puerta a los creyentes deseosos de visitar los lugares santos, con el riesgo de humanizar así la ocupación israelí de territorios palestinos. El cardenal Rai respondió desafiante diciendo que “Jerusalén es nuestra ciudad, una ciudad cristiana y árabe”.

La postura oficial de la iglesia maronita es que el proyectado viaje de su cardenal no posee connotaciones políticas sino sólo religiosas y que no habrá encuentro alguno con ningún miembro de la oficialidad israelí. Sin embargo, para diversos sectores de la prensa y opinión pública árabes, el asunto se ha prestado a interpretaciones suspicaces que no tienen que ver precisamente con el tema israelí, sino que se refieren más bien a su preocupación de que la visita esté señalando una intención del segmento católico maronita libanés de enfatizar su independencia y singularidad dentro del mosaico demográfico del País de los Cedros alterando así el actual reparto del poder entre los diversos grupos étnico-religiosos que lo conforman.

No es un secreto que desde 1975 cuando estalló la guerra civil libanesa que duró 15 años, la población cristiana maronita de Líbano, antes predominante en el reparto político del poder en ese país, se vio afectada y disminuida por efecto del nuevo orden que emergió cuando la guerra terminó. De hecho, el surgimiento y fortalecimiento del poder chiíta, encarnado por Hezbolá, el cual poco a poco se fue apoderando de muchas de las más importantes riendas del país, constituyó un golpe demoledor para la presencia cristiana maronita que tradicionalmente había sido el sector dominante. En ese contexto, la iniciativa del cardenal Beshara al-Rai de viajar a Jerusalén para encontrarse con el papa Francisco está siendo interpretada tanto por la población musulmana sunnita y chiíta, como por los cristianos ortodoxos apegados al cristianismo oriental, como una manifestación de las aspiraciones maronitas de enfatizar su independencia y su capacidad de tomar decisiones controvertidas, aún si ello incomoda o indigna a sus hermanos árabes dentro y fuera de Líbano.

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