Reconciliación Fatah-Hamas: las incógnitas

Hamas ha sostenido siempre en su programa el objetivo de destruir a Israel.

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Esther Shabot 27/04/2014 02:46
Reconciliación Fatah-Hamas: las incógnitas

Las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Palestina se encontraban ya al borde del colapso aun antes de la fecha límite del 29 de abril, impuesta al inicio de las conversaciones, hace nueve meses. Sin embargo, había expectativas de que en esta última semana se consiguiera, a pesar del ambiente de escepticismo reinante, prolongar hasta fines de este año las pláticas, a fin de darle una oportunidad más a la paz. Es más, John Kerry, mediador por excelencia en este proceso, se aprestaba a reunir en Washington, hace cinco días, a un puñado de fuertes inversionistas internacionales con el propósito de volcar recursos a la economía palestina y apuntalar así el proyecto de creación del Estado palestino independiente.

Fue entonces que ocurrió algo que nadie esperaba, ni los israelíes ni los estadunidenses ni la Unión Europea: el gobierno de Mahmoud Abbas, oficialmente a la cabeza de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que rige en Cisjordania, anunció su reconciliación con el Hamas que controla Gaza desde 2006, cuando estalló un grave conflicto entre ambas agrupaciones y que se ha traducido en años de hostilidad y violencia mutuas. Como es sabido, desde entonces, Gaza y Cisjordania han funcionado separadas  y no ha sido posible llevar a cabo elecciones palestinas en virtud de esa ruptura. En este contexto, la primera incógnita que surge es si esta reconciliación verdaderamente va a consolidarse y no va a abortar en el corto plazo, como ha sucedido en varias ocasiones en el pasado. En segundo término, está la pregunta de si los lazos que presuntamente se están tendiendo entre ambas entidades podrían o no significar un plegamiento del Hamas hacia la postura oficial de la ANP, la cual sí reconoce a Israel y negocia con él. Hamas ha sostenido siempre en su programa el objetivo de destruir a Israel, pero su problemática situación actual —ha dejado de recibir el apoyo sirio-iraní en virtud de la guerra civil siria y, además, su frontera con Egipto ha sido cerrada por el gobierno de transición en El Cairo— le imprime una vulnerabilidad que bien podría funcionar como atenuante de su radicalismo.

Otras incógnitas se refieren por supuesto a Israel. El gobierno de Netanyahu, también tomado por sorpresa por esta decisión, determinó al día siguiente suspender las pláticas de paz e imponer sanciones económicas a la ANP, bajo la consideración de que Hamas es una entidad terrorista con la cual Israel no está dispuesto a negociar. El dilema que sin embargo enfrenta Netanyahu es que, por mucho tiempo, una de sus principales objeciones para considerar a Mahmoud Abbas un interlocutor capaz de llegar a acuerdos reales y definitivos había sido que no representaba a todos los palestinos, ya que la población de Gaza se mantenía ajena a él por estar bajo dominio del Hamas. La paradoja es que ahora que, reconciliación mediante, Abbas sí representará a la totalidad de los palestinos por quedar el Hamas —y por ende Gaza— sumado a él, tampoco le resulta un interlocutor válido, pero esta vez por estar asociado a una agrupación terrorista.       

Otras incógnitas más de este nuevo desarrollo en el conflicto palestino-israelí se revelan a través de las reacciones diversas y aun contradictorias de actores internacionales importantes. Mientras que la noticia de la reconciliación cayó como balde de agua fría sobre Kerry (el escenario en el que ha trabajado incansablemente durante meses y meses cambió radicalmente de la noche a la mañana), los países europeos recibieron con optimismo la noticia, calculando que bien puede constituir un paso positivo si la unidad palestina que se consiga fortalece a Mahmoud Abbas y le da, por tanto, más representatividad y capacidad de negociación con un Israel que, eventualmente, esté dispuesto también a llegar a acuerdos.  

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