Nerviosismo turco por la crisis de Crimea

Intereses turcos se verían afectados en caso de que la situación se saliera de control.

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Esther Shabot 16/03/2014 02:09
Nerviosismo turco por la crisis de Crimea

El gobierno de Ankara se halla en aprietos graves. No sólo arrecian las manifestaciones populares en su contra debido al descontento por sus políticas represivas que, sin duda, le auguran descalabros importantes en las elecciones locales del próximo 30 de marzo, sino que ahora se enfrenta también a un escenario regional altamente explosivo con lo que ocurre en Ucrania-Crimea. El ministro de Relaciones turco, Ahmet Davutoglu, realizó una corta visita a Ucrania esta semana con objeto de impulsar una solución diplomática a la crisis, dado que muchos intereses turcos se verían profundamente afectados en caso de que la situación se saliera de control y se desembocara en acciones militares. Davutoglu advirtió a Moscú que debía ser cauto, porque de propiciar una escalada violenta en la que la OTAN y las fuerzas occidentales se involucraran a favor de Ucrania, se podría generar un incendio regional de consecuencias graves para todos los actores, incluida, por supuesto, la propia Turquía, que es miembro de la OTAN, además de formar parte del vecindario geográfico donde controla los estratégicos pasos del Bósforo y los Dardanelos.

Pero hay además otro motivo de preocupación para los turcos. Se trata de la minoría tártara que habita en Crimea y está integrada por cerca de 300 mil personas, que constituyen entre 12 y 15% de la población total de la península. Son musulmanes de origen turco que temen quedar bajo control ruso debido a sus amargas experiencias históricas vividas tanto bajo los gobiernos zaristas como debido a las políticas stalinianas de deportaciones masivas, genocidio y represión, infligidas contra ellos durante la Segunda Guerra Mundial. Los tártaros están pidiendo actualmente protección de Turquía ante la amenaza que para ellos significa quedar bajo control ruso y, por ende, sujetos de nuevo a una situación de fragilidad extrema.

Fue así que mientras el líder de los tártaros de Crimea, Mustafá Kirimoglu, se reunía en Bruselas hace dos días con el secretario general adjunto de la OTAN para solicitar apoyo contra una posible represión por parte de las fuerzas militares rusas, una vez realizado el referéndum programado para hoy, varias centenas de tártaros se manifestaron en las calles de su hábitat en Crimea, la ciudad de Bajchisarai, portando banderas ucranianas y al grito de “Putin márchate” y “soldados rusos vuelvan a casa”.

Esta situación constituye un desafío adicional para Turquía. Desde hace tiempo, el gobernante partido AKP, de Erdogan, ha adoptado una política de fortalecimiento de sus relaciones con las diversas diásporas turcas en el mundo. En ese sentido, existe una expectativa de los tártaros de contar con el apoyo de Ankara en caso de que su seguridad e integridad se vean amenazadas con una anexión rusa de Crimea. Ello hace que Turquía se enfrente a una difícil encrucijada porque si bien se opone a las ambiciones rusas por una infinidad de motivos —la protección de los tártaros de Crimea entre ellos—, al mismo tiempo Ankara está ligado a Rusia a través de una importantísima relación comercial. No sólo se trata de un comercio bilateral anual entre ambas naciones, calculado en cerca de 40 mil millones de dólares, sino también del abasto energético de Rusia a Turquía, que es vital para ésta. En síntesis, la jugada de Putin para arrebatarle Crimea a Ucrania, además del reto que significa para Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN y por supuesto la propia Ucrania, está representando una fuente de gran incertidumbre y un revés más para el gobierno de Erdogan, hundido ya de por sí en un mar de problemas locales graves.

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