Acomodarse sería el peor escenario

Muchos son los sectores que han mostrado su descontento. El enojo más importante es el de la sociedad mexicana en conjunto que se siente defraudada.

Es un hecho, la reforma fiscal dejó insatisfecho a la mayoría de los mexicanos. Aunque en la parte impositiva tiene ciertos tintes de progresividad y se eliminaron algunas prebendas acendradas en nuestro país desde hace décadas, la verdad es que una reforma como la que hoy tenemos no soluciona los problemas recaudatorios del gobierno federal en el largo plazo. En unos cuantos años más nos enfrentaremos exactamente al mismo problema: la recaudación tributaria es insuficiente para financiar los crecientes gastos que se requieren para combatir la pobreza, mejorar la educación, alcanzar estándares de salud internacionales y, desde luego, generar la infraestructura que los mexicanos merecemos. El petróleo no es eterno.

Muchos son los sectores que han mostrado su descontento. Pero creo que el enojo más importante es el de la sociedad mexicana en conjunto que se siente defraudada por una clase política que no es capaz de ofrecer paliativos suficientes a la crisis, pero que tampoco ha puesto sobre la mesa un plan fiscal para resolver los problemas trascendentales de largo plazo del gobierno y de la economía mexicana. Este es el primer dato fundamental que deben apuntar los partidos políticos para las elecciones por venir (¿2015?).

Desde luego no se puede soslayar el enojo de los empresarios del país. Lo han expresado de sobra por la vía de sus cúpulas empresariales. No les agrada el recargón fiscal sobre los que ya pagan impuestos y les parecen insuficientes las medidas en materia fiscal para “ampliar la base tributaria”. Ni hablar de los partidos políticos que también acumulan una fuerte dosis de enconos, inclusive al interior de sus propios institutos: la pugna entre diputados y senadores de cada uno de los partidos es evidente.

Enojadas también las empresas internacionales calificadoras de riesgo, que simplemente no saben qué hacer con su percepción de México. Encuentran enormes posibilidades para un futuro venturoso de nuestro país dadas las reformas estructurales que ya se han aprobado y, al mismo tiempo, no pueden creer nuestra testarudez para desaprovecharlas. Su enojo es entendible porque es difícil (por no decir imposible) encontrar otra economía emergente con tantas oportunidades tiradas por la borda, en aras de mantener un statu quo indefendible.

Sin embargo, creo que la perspectiva de crecimiento para México en 2014 será muy buena. Se conjugan tres factores. El primero es un gobierno federal que, ahora sí, está dispuesto a aumentar notoriamente el gasto de infraestructura. El segundo es la posibilidad de una reforma energética que catapulte la inversión extranjera en el sector. Por último, los indicadores recientes sobre la evolución de la economía de Estados Unidos son realmente halagüeños, lo que nos arrojaría un escenario de crecimiento optimista para 2014, a pesar de todos los enconos acumulados en el cierre de 2013.

Creo también que éste es un escenario muy peligroso. Crecer mucho sin haber realizado los cambios transcendentales en materia fiscal puede ser una mala señal para los tomadores de decisiones en este país. Puedo escuchar hoy las voces del año que entra: “Ya no será necesaria una reforma fiscal adicional, el crecimiento observado lo corrobora”, “el gasto público sí genera crecimiento elevado y sostenido”. Nada más alejado de la realidad. El peligro de acomodarse frente a un escenario de esta naturaleza es grande y podría regresar desequilibrios fiscales que hace tiempo dejamos atrás.

                Director General GEA

                Grupo de Economistas y Asociados S.C.

                ecg@gea.structura.com.mx

                @ernestocerv

Temas: