Prevalecerá lo pastoral sobre el lucro político
Hoy llega a México el papa Francisco y su gira contemplará la CDMX, Ecatepec, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez, Morelia y Ciudad Juárez. Una visita anhelada por millones de católicos, que se le entregarán incondicionalmente al Pontífice como no se hace ...
Hoy llega a México el papa Francisco y su gira contemplará la CDMX, Ecatepec, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez, Morelia y Ciudad Juárez. Una visita anhelada por millones de católicos, que se le entregarán incondicionalmente al Pontífice como no se hace con ningún otro personaje. Las visitas papales son festividades masivas de fervor, cariño, canto, llanto, alegría y múltiples emociones, entre ellas la ansiedad por su prédica y acciones, aunque sea sólo por la posibilidad de verlo en persona hasta el día 17 cuando se despida.
Este capital moral y social del Pontífice (que se acrecienta ante la crisis de credibilidad de las instituciones, incluyendo la Iglesia católica) trata de ser explotado por quienes pretenden sacar raja política de su visita. Se intentó enrarecer el clima de su visita con especulaciones sobre la “verdadera motivación” del Papa, por ejemplo, a partir de algunos de los lugares elegidos para su recorrido, considerados “emblemáticos” del “pedacito de violencia” que sufre México. O también, por diversas expresiones de su santidad, que son interpretadas por opositores y críticos como “condena al gobierno de Peña Nieto” y la “aceptación” de Francisco, de la fantasía extremista de que “fue el Estado” el autor de la tragedia de Iguala. Francisco ha dicho: “Si yo voy a ir es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar con ustedes para que los problemas de violencia, corrupción y todo lo que ustedes saben que está sucediendo se solucionen, yo no quiero tapar nada de eso”, aunque aclara: “Voy no como un Rey Mago cargado de ideas, soluciones a problemas...”.
La obra pastoral es social y crítica por definición, especialmente en México con problemas de desigualdad, pobreza, corrupción, violencia, etcétera. En ese sentido, se espera que el mensaje papal signifique una esperanza de salvación espiritual y de aliento para que se atiendan candentes problemas sociales y, por ello, el santo padre no emitirá mensajes crípticos, sino contundentes (que no estarán dirigidos sólo a sus feligreses), muy a su estilo, de denuncia social.
Sin embargo, lejos está el Papa de politizar y, mucho menos, de radicalizar su prédica evangélica (“soy un misionero de la misericordia y la paz”) como quisieran curas marxistas (incluso, jesuitas), radicales de los derechos humanos, obradoristas, normalistas y todos aquellos (incluyendo a quienes intentan “amarrar navajas” entre el Presidente y la Iglesia) que pretenden lucrar política y económicamente con la visita y las víctimas de la violencia del crimen organizado y la narcopolítica. Ante las presiones para que el Papa haga suyo el credo radical, el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, rechazó que esté programada una reunión privada entre el Pontífice y los padres de los normalistas ni con víctimas de clérigos pederastas. Claro, Bergoglio suele romper el protocolo y modificar su apretada agenda.
Quienes buscan medro político radical con la gira papal se olvidan de que Francisco es un jefe de Estado, que responde a una invitación oficial del gobierno. No comprometerá esa relación (como tampoco lo hizo, por ejemplo, en Cuba), sino que buscará ser un misionero de paz y unidad, no “echará leña al fuego” y atenderá la crisis de la Iglesia, ocasionada por sus conflictos internos, la pederastia y el desafío de las otras iglesias y sectas que han mermado al catolicismo.
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