¿Cómo le van a hacer?

El tema de la corrupción es uno 
de los más preocupantes para la población 
y que extrañamente los partidos y candidatos no han tomado en serio, más allá de lo que vemos y leemos todos los días en declaraciones que no llegan a nada.
 

El domingo pasado, las siguientes tres afirmaciones fueron expresadas por los tres principales candidatos en sus actos centrales de protesta como tales: “con terquedad voy acabar con la corrupción”, “seré implacable en el combate a la corrupción” y “a mí no me va a temblar la mano para acabar con el pacto de impunidad”.

Cualquiera de los tres aspirantes a la Presidencia pudo haber dicho en sus respectivos discursos una o las tres frases citadas, da igual, éstas son una muestra de lo difícil que es y será combatir la corrupción con frases huecas como las mencionadas.

Lo que sí es cierto es que el tema de la corrupción es uno de los más preocupantes para la población y que extrañamente los partidos y candidatos no han tomado en serio, más allá de lo que vemos y leemos todos los días en declaraciones que no llegan a nada. Sin embargo, lo que sí llega es ver que en las dirigencias de los partidos, en los candidatos que van apareciendo como posibles integrantes al Congreso de la Unión, a los congresos estatales y a las alcaldías hay personas que han sido denunciadas y exhibidas como corruptas, ya sea con denuncias concretas o a través de los medios de difusión, pero refiriendo hechos que los ligan a actos corruptos.

¿Realmente piensan los dirigentes políticos y los candidatos que se puede engañar a la población cuando apoyan a personajes que han sido cuestionados una y otra vez? ¿Es así como creen que les vamos a tomar en cuenta sus dichos del combate a la impunidad?

¿Podemos creerle a los partidos y a los candidatos sus palabras contra la corrupción cuando el Instituto Nacional Electoral reiteradamente los ha multado a todos por violar las disposiciones legales en materia electoral y han litigado dichas multas en los tribunales, consiguiendo en varias ocasiones que se reduzcan los montos a pagar? Además, se debería tomar en cuenta que los recursos obtenidos por las multas se entregan al Conacyt para su noble y necesaria tarea.

Y para hacer todavía más grande la herida que tenemos respecto de este tema, durante esta semana hubo dos noticias que volvieron a poner en el tapete el fracaso de esta administración y del Congreso de la Unión. La primera de ellas es el informe que ha rendido la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sobre la Cuenta Pública del año 2016, mismo que, por cierto, tuvo que ser presentado por el auditor encargado de la ASF, Javier Pérez Saavedra, ya que una irresponsabilidad más de los diputados fue no elegir en tiempo y forma al nuevo auditor superior, y lo peor es que no dicen para cuándo será la elección, total, no importa que se sume a la lista de faltantes del pomposamente llamado, y fracasado antes de empezar, Sistema Nacional Anticorrupción.

Las desviaciones mencionadas por el auditor son multimillonarias, más de seis mil millones de pesos, tal como han sido en años pasados y, como bien dice la ASF, “persiste en el país una deficiente rendición de cuentas”. Tenemos y tendremos en los próximos días la exhibición de las irregularidades cometidas por servidores públicos y particulares que acrecentarán la indignación de los ciudadanos.

La otra noticia viene de fuera, en el tradicional y anual denominado Índice de la Percepción de la Corrupción 2017, que elabora Transparencia Internacional y que, con todo y las críticas que se le puedan hacer, ya está acreditado como uno de los más confiables.

En este índice, como era de esperarse, nuestro país cae del lugar 123 al lugar 135, siendo el peor evaluado de los países que conforman el G-20 y la OCDE.

Por todo lo anterior, no resulta nada raro que en la encuesta elaborada por BGC-Excélsior y publicada esta semana, 40 por ciento de los entrevistados dude de que, una vez en el poder, los candidatos combatan la corrupción.

Esta administración pública termina mal en este tema

y lo peor es que las expectativas sobre quien gane la elección en julio, sea quien sea, no son muy halagüeñas. México no lo merece.

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