Desastre de basura

Los mayores generadores de desperdicios son los países desarrollados, quienes estaban muy contentos de tener un basurero a miles de kilómetros de sus costas
 

Desde julio del año pasado, el gobierno de la República Popular China tomó una decisión que en muchos países ha tenido poca difusión. Se trata de la prohibición, a partir del mes de enero de 2018, de seguir siendo el basurero de residuos del mundo, como muchos medios y organizaciones lo han bautizado.

Una nueva ley prohíbe la entrada de 24 tipos de residuos, entre ellos los principales son: plásticos, papel sin clasificar, la escoria de algunos minerales y los desechos textiles. Estamos hablando de millones de toneladas. Tan sólo en el año 2015 recibieron 50 millones de toneladas de residuos sólidos, según el Ministerio de Medio Ambiente chino.

El origen de todo se remonta a los años 80 del siglo pasado, cuando China empezó a recibir residuos para reutilizarlos y aliviar en parte la escasez de ciertas materias primas que necesitaba y poco a poco se convirtió en lo que se denomina el mayor vertedero utilizado por casi todos los países de la tierra, incluyendo el nuestro.

Según los medios de información, México envía 500 mil toneladas de plásticos al resto del mundo; recordemos que somos, si no el primer lugar, seguro el segundo en consumo de agua en botellitas de plástico, que vemos tiradas por todas partes.

Por supuesto que han surgido voces críticas a la decisión china, sobre todo de los países desarrollados, así como de la Oficina Internacional de Reciclaje (BIR por sus siglas en inglés), que es la principal organización a nivel mundial con sede en Bélgica y que cuenta con más de 800 miembros, entre ellos algunas empresas mexicanas.

Este mes, el presidente de esta oficina declaró que están solicitando al gobierno chino que retrase la entrada en vigor de la ley y también que eleve los márgenes de contaminación aceptable para recibir residuos y evitar una catástrofe internacional.

Por supuesto, las autoridades chinas han reaccionado, a través de su agencia oficial de noticias Xinhua, con críticas a las distintas economías, principalmente las industrializadas, que durante décadas “exportaron contaminación y eludieron su responsabilidad beneficiándose de las prácticas de importación antes permisivas”, agregando que “el mundo desarrollado debería estar agradecido de que China, en detrimento de su propio medio ambiente y la salud de sus habitantes, se haya quedado con su basura durante años”.

Paralelamente, el gobierno chino ha hecho una revisión exhaustiva de sus empresas de reciclaje, de las que aproximadamente 1,800 son legales y en cerca de 600 han encontrado violaciones a la ley, por lo que 53 ya han tenido que cerrar y otras 400 han suspendido sus actividades.

El asunto compete a todas las naciones, incluso a aquéllas que ahora tienen la mira puesta para sustituir a China, como podrían ser Malasia y Vietnam, ya que por supuesto no será fácil que tengan la decisión de hacerlo y la magnitud de China para ser el nuevo basurero mundial.

El tema es de la mayor importancia, por las consecuencias no sólo ambientales, que de por sí serían suficientes, sino por las económicas y sociales que implican el manejo de las basuras y los desechos, mismas que frecuentemente no se toman en consideración.

La ONG Greenpeace del Reino Unido, por ejemplo, ha declarado que esta región enviaba anualmente a China material desechable, y en algunos casos reciclable, suficiente para llenar 10,000 piscinas olímpicas.

Los mayores generadores de basura son los países desarrollados, quienes, por un lado, estaban muy contentos con encontrar un basurero a miles de kilómetros de sus costas, pero, por el otro, presionaban a China por cuestiones ambientales.

Este país ha acusado el golpe, se los ha devuelto y ahora no saben qué hacer.

En México, hasta donde sabemos, ninguna autoridad ha manifestado la menor preocupación por la decisión de China, lo cual sería necesario tomando en cuenta los millones de kilos de basura que generamos y enviábamos a aquel país.

Si no cambiamos el modelo de desarrollo de desperdicio que tenemos nos ahogaremos con la basura y ésta es una responsabilidad de todos, pero, principalmente, de los gobiernos.

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