Pérdida de gobernabilidad

La información revelada sobre El Ojos de poco ha servido a la comunidad de Tláhuac, tal y como pudimos conocer, y la mejor comprobación de ello la tuvimos en el sepelio, donde dicho personaje siniestro fue vitoreado y, por lo visto, lo idolatraban

Por momentos pareciera que estamos frente a una discusión bizantina, término utilizado en honor a aquélla que hubo en tiempos del Imperio de Bizancio en el año 1453, cuando éste estaba asediado por los otomanos y en lugar de prepararse para defenderse, los bizantinos se ocupaban discutiendo cuál era el sexo de los ángeles.

Algo parecido ocurre en nuestra Ciudad de México, donde llevamos varios días con aseveraciones y cuestionamientos en los medios de comunicación y declaraciones de los órganos gubernamentales sobre si el grupo que comandaba Felipe de Jesús Pérez Luna, alias El Ojos, era un cártel o no.

Según las autoridades federales y, sobre todo, las de la ciudad, no se trata de un cártel. Esto basado en unos parámetros que ellos mismos definen, pero que no están normalizados en algún documento que podamos consultar.

Sin embargo, a mi juicio, el tema de si se trata de un cártel o no es lo menos relevante. La realidad es que estamos frente a una organización armada y peligrosa, como pudimos darnos cuenta, por los muertos que hubo en la operación de la Marina de México, que tuvo que utilizar por primera vez en la ciudad, según yo la última fue en 1968, vehículos artillados y blindados de un tamaño impresionante y cerrar varias cuadras de la zona durante horas, con una vigilancia que ha continuado durante días. Asimismo, tuvo que detener, con auxilio de la policía de la ciudad, a un sinfín de conductores de mototaxis que eran parte de la organización criminal e incautar varios de estos vehículos.

A partir de la operación, en la cual murió el líder y algunos de sus secuaces, han aparecido decenas de artículos en los que se detalla desde cuándo operaba este grupo, de dónde venía la droga, cómo se distribuía e incluso sobre Felipe de Jesús y su entorno, a quien para controlar la zona hacen responsable de por lo menos decenas de asesinatos. Es decir, no sólo era narcotraficante, también un asesino.

Sin embargo, resulta que toda esta información de poco ha servido a la comunidad de Tláhuac, tal y como pudimos conocer, y la mejor comprobación de ello la tuvimos en el sepelio, donde dicho personaje siniestro fue vitoreado y, por lo visto, lo idolatraban.

Y la razón por la que lo aclamaban, al igual que en otros casos de narcotraficantes muertos en combates con las fuerzas federales, se debe a que parte de los recursos ilícitos obtenidos los dedicaban a mejorar las condiciones de los pueblos donde vivían, brindando ayudas económicas a todos aquellos que lo solicitaban, comprando así su silencio y, por supuesto, incorporando a los jóvenes a sus actividades delictivas.

Es tal la quiebra de la autoridad y la pérdida de todo sentido común que, según los medios de comunicación, en el sepelio detuvieron a varios jóvenes armados y con una cantidad extraordinaria de dólares, 3.5 millones, queriendo demostrar seguramente la impunidad habida durante tantos años.

Es verdaderamente lamentable constatar que, ante un criminal como del que estamos hablando, la gente seguramente en condiciones de pobreza rinda tal homenaje de sumisión y respeto. Es una vergüenza que debe llevar no sólo a las autoridades, sino a todos, a darnos cuenta de que día a día la situación se agrava en nuestro país, pues el hecho de Tláhuac no es el único, hay decenas de casos similares en México que pasan desapercibidos porque es a diario la pérdida de gobernabilidad.

Las autoridades federales, estatales y municipales deberían dejar de discutir si es o no un cártel y preocuparse del por qué se permitió que la situación en Tláhuac llegara a tal extremo y de qué hacer para encauzar a tantos jóvenes a dejar el delito.

La gran pregunta que necesita una respuesta rápida es: ¿cómo quitarle esta base social, compuesta por la comunidad pobre, no sólo de Tláhuac, sino de todo el país, a las organizaciones criminales? Este es el verdadero problema que tienen y que deberían resolver de alguna forma, más allá de las buenas calificaciones que nos otorgan las empresas extranjeras, de los “marines” y los vehículos artillados.

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