¡Basta, Sr. Trump!
En el Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas 2016 se insiste en que se debe prestar atención especial a la riqueza de la vida humana
y no a la riqueza de las economías.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de publicar el Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas 2016. Parece elaborado antes de la llegada del miserable Sr. Trump a la Presidencia de Estados Unidos, ya que los comentarios no toman en cuenta lo que él ha hecho hasta ahora en casi todas las materias que tienen que ver con el índice.
El documento es muy completo y analiza la situación en todo el mundo de aspectos fundamentales para su desarrollo, midiendo los niveles de educación, salud, ingresos y esperanza de vida, entre otros, y hace una clasificación dividida en cuatro partes, entre países con desarrollo humano muy alto, alto, medio y bajo.
De América Latina, sólo Chile y Argentina están considerados como de desarrollo muy alto. Nuestro país es considerado como de desarrollo alto, aunque dentro de la misma clasificación, pero en mejor lugar que nosotros están Uruguay, Panamá, Costa Rica y Cuba.
En comparación con 2015, perdimos 12 lugares, lo cual pone de manifiesto que, al igual que en otras clasificaciones internacionales, no hemos mejorado; de hecho, estamos empeorando, a pesar de la propaganda gubernamental.
El PNUD destaca que, no obstante los avances, hay personas que se han quedado al margen o que cuando mucho han logrado lo básico y que han aparecido nuevos problemas, como las epidemias, la migración a la que llaman “desesperada”, el crecimiento de las desigualdades y el extremismo violento.
Se insiste en que el desarrollo humano debe prestar atención especial a la riqueza de las vidas humanas y no a la riqueza de las economías, que se debe dejar de perseguir la opulencia material para mejorar el bienestar humano y pasar de maximizar los ingresos a aumentar las capacidades.
No es posible lograr un desarrollo humano congruente si, como cita el documento, el uno por ciento de la población posee 46 por ciento de la riqueza. Acabamos de conocer la famosa lista de Forbes y vemos que los ricos se siguen haciendo más ricos.
Se hace una crítica muy clara al nacionalismo, mediante el ejemplo del llamado Brexit, es decir, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, al que califican como retroceso y ven con preocupación los movimientos xenófobos en algunas partes del mundo. La intolerancia es antiética para el desarrollo humano y los principios del universalismo, argumenta el PNUD.
Urgen a reducir con premura algunas de las carencias más dolorosas, tales como el hambre, la cual sufre una de cada nueve personas y una de cada tres está malnutrida. Asimismo, mencionan un dato muy preocupante en materia de género y empoderamiento de las mujeres: 15 millones de niñas se casan antes de los 18 años, esto es, una casi cada dos segundos.
En materia económica, proponen que las reformas deberían centrarse en regular las transacciones monetarias y los flujos de capital internacionales. Hablan de avanzar hacia un mayor intercambio de información y a escala mundial, proponiendo una idea interesante sobre la creación de un registro financiero mundial.
Insisten en la necesidad de tener un sistema migratorio justo, que proteja los derechos y promueva las oportunidades de los migrantes. Y, por supuesto, se pide hacer frente al cambio climático que pone en riesgo la vida y los medios de subsistencia de las personas pobres y marginadas. En resumen, es un documento muy interesante y atinado.
Tengo una preocupación particular con respecto a este documento y a sus autores del PNUD. Hemos visto la reacción del gobierno estadunidense obligando a renunciar a la responsable, dentro de la ONU, de la Comisión Económica para Asia, la Cepal de aquellos lares, por unos comentarios que no le gustaron. Hemos visto cómo doblegaron a los países del G-20, incluyéndonos, para eliminar en la redacción final del comunicado lo que no les gustaba. No dudo que tampoco les guste este documento y quién sabe qué se les ocurra hacer. Creo que ya es hora de ponerle un hasta aquí al gobierno de Trump, aunque amenace con represalias o reducción de los fondos que aporta a los organismos internacionales.
