Promotor de la corrupción
Era de esperarse un cambio de la política, pero no con la irresponsabilidad que se
está llevando a cabo.
Aparte de todas las barbaridades que está cometiendo el despreciable señor Donald Trump, ahora hay que agregarle una más, hecha ya oficialmente: la de ser promotor de la corrupción y la opacidad.
Entre las muchas órdenes ejecutivas que ha signado este mes, se encuentran dos que encajan perfectamente en lo mencionado en el primer párrafo. Una de ellas se refiere a eliminar una de las reglas impuestas por el presidente Barack Obama, referente a que las compañías del ramo energético tenían la obligación de declarar cualquier pago que se hiciera a funcionarios y gobiernos extranjeros como resultado de sus operaciones.
Esta regulación empezó a funcionar el año pasado como parte de la llamada Ley Dodd-Frank, famosa por ser la que se estableció como resultado de la crisis financiera del año 2008. Lo que pretendía el gobierno de Obama era transparentar los negocios y las prácticas comerciales para evitar hechos de corrupción, tan normales en este sector de la industria.
Según el señor Trump, la razón para firmar la resolución número 41 fue favorecer “el regreso de empleos y estar otra vez en las grandes ligas”. Efectivamente, en las grandes ligas, pero de la corrupción. La líder del Partido Demócrata en la Cámara de Diputados, señora Nancy Pelosi, le envió un Twitter al Presidente diciéndole que “la administración Trump debería de hacer de la transparencia una prioridad”. Ésta es la segunda vez que se utiliza una ley del Congreso para revocar una regulación de una administración anterior. La primera fue de George W. Bush Jr., eliminando una de Bill Clinton.
La otra orden ejecutiva también tiene que ver con la Ley Dodd-Frank antes mencionada y puesta en vigor en el año de 2010, con la cual el señor Trump ha instruido al Departamento del Tesoro consultar con las diversas dependencias para que le elaboren un reporte cuya finalidad es determinar qué hacer para eliminar la “sobrerregulación” de este ordenamiento que afecta a Wall-Street. Según él, la ley ha sido un desastre. No es paradójico que su principal asesor económico provenga de la empresa Goldman Sachs, una de las principales causantes de la crisis de 2008.
Nada más hay que recordar el porqué de esta ley, que intentaba controlar a los bancos, principalmente a los grandes, muchos de ellos rescatados con dinero público. En un magnífico estudio elaborado por Oscar Ugarteche y José Luis Cal, investigadores de la UNAM, se menciona que en la crisis financiera de 2008-2009 se perdieron ocho millones de millones de dólares en la bolsa y que las multas relacionadas con dicha crisis ascienden a la cantidad de 350 mil millones de dólares, principalmente de los grandes bancos de ese país y del resto del mundo.
Lo que pretendía la ley de Obama era evitar la especulación a través de los llamados “derivados” y el comercio que hacían los bancos por cuenta propia.
Según los investigadores mencionados, las diversas disposiciones del señor Trump han provocado renuncias de funcionarios, pero a la vez un inusitado incremento en el valor de las acciones de los bancos, con lo que se muestra claramente que el complejo financiero internacional está detrás de él. Ahora la presión será de los bancos europeos a sus reguladores buscando eliminar los denominados “obstáculos”.
Sin duda, era de esperarse un cambio de la política, pero no a la velocidad y con la irresponsabilidad con la que se está llevando a cabo. Aunque resulta natural en un gobierno de, podríamos llamar, filibusteros y comerciantes.
La semana próxima, si no les sale alguna otra cosa, vendrán a México dos secretarios del gobierno estadunidense. Uno de ellos, el secretario de Estado, el señor Rex Tillerson, quien antes de este puesto era el jefe de la empresa petrolera Exxon, misma que, como hemos visto, ya ha sido relevada de dar información de sus operaciones y corrupciones en el extranjero.
Valdría la pena que nuestro gobierno tuviera cuidado ahora en la privatización a mansalva que está haciendo de las zonas petroleras, porque empresas como la del indeseable señor Tillerson casualmente han ganado alguno de los concursos.
