De qué se ríen
Las grandes funciones y obligaciones del BdM se están resquebrajando, con la economía creciendo cada vez menos y la desigualdad del ingreso llegando a cotas inimaginables.
Un magnífico poema de Mario Benedetti, que ha sido musicalizado y cantado por grandes artistas, como Soledad Bravo y Nacha Guevara, entre otros, dice al inicio: “Seré curioso, señor ministro, ¿de qué se ríe?, ¿de qué se ríe?... señor ministro del imposible…”. Hoy podríamos preguntarles a varios altos funcionarios, ¿de qué se ríen?, ya que en la mayoría de las fotos en las que aparecen están con amplias sonrisas.
Entre ellos, hay uno que destaca porque casi siempre está con chascarrillos u ocurrencias. Se trata de quien aún es gobernador del Banco de México (BdM) y cuya última puntada la dio a conocer esta semana que termina, en el Foro del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), en el que, textualmente y en referencia al Presidente electo Trump, expresó: “Vimos el corto de una película; vemos diferentes escenas, pero no sabemos si es una película de terror o no, o si va a ser un buen final o no. Entonces, ahorita lo que hemos visto son los cortos y a partir del 20 de enero va a correr la película”.
No está claro si este gran funcionario, para muchos especialista en pulmonías y catarros, hablaba ante los ejecutivos como gobernador del Banco de México, como futuro gerente del Banco Internacional de Pagos o quizá como ciudadano.
Habría que saber a quién va a servir en los próximos seis meses, plazo que nos dio: a México o a su futura asegurada chamba, pues en estos momentos su situación es muy delicada, a pesar de que sus panegíricos lloren su partida, misma que pareciera haber sido planeada para salir victorioso de la función pública mexicana. Aunque la realidad se está comiendo a este gran funcionario, ya que parte de las funciones principales del Banco Central están empezando a hacer agua, tal como estamos viendo día a día con la famosa estabilidad, que lo único que ha provocado es un crecimiento en promedio no mayor al 2.5 por ciento desde que se le dio autonomía plena al BdM, es decir, en poco ha colaborado para crecer.
Y hoy el tipo de cambio se les está saliendo de las manos a los grandes expertos de la calle 5 de Mayo, las tasas de interés subiendo, al igual que los precios de los bienes y servicios que aún le quedan al sector público. O sea, las grandes funciones y obligaciones del BdM se están resquebrajando, con la economía creciendo cada vez menos, el desempleo y subempleo aumentando y la desigualdad del ingreso llegando a cotas inimaginables.
¿No será que el gobernador del BdM se dio cuenta de lo que venía y mejor puso pies en polvorosa? La realidad indica que es ahora cuando más se necesita de una decisión firme con respecto a la política económica por parte del gobierno y del Banco Central, sin embargo, es cuando decide abandonar el barco. ¿Es ésta una decisión correcta en una persona a quien el país le ha confiado una de las más altas responsabilidades? Ser gobernador del Banco de México debería representar un orgullo para cualquier servidor público.
No obstante, el señor Carstens ha preferido irse a un puesto en Suiza como gerente de un banco en el cual, por cierto, sus jefes son los gobernadores de varios bancos centrales de todo el mundo. Además, si se hubiera esperado un poco más, a lo mejor hasta lo hubieran nombrado director del Fondo Monetario Internacional (FMI), ahora que la justicia francesa ha encontrado a la señora Lagarde culpable de negligencia en un caso de desvío de dinero público. Recordemos que compitió contra ella y perdió. Ya sabemos que, como es normal con los honorables banqueros, los miembros del FMI “han reafirmado su confianza plena” en la señora Lagarde, a pesar de la condena francesa.
Se ha hablado mucho de discrepancias entre el BdM y la SHCP, pero como hemos visto en fotos y televisión, los responsables de dichas instituciones están muy contentos, a pesar de lo que está ocurriendo hoy en el país en todos los aspectos, por eso, tal como escribe Benedetti, ¿de qué se ríen, señores ministros, de qué se ríen?
Por último, si ya decidió abandonar el barco, ¿por qué esperar los seis meses? El gobierno y el Congreso deben nombrar ya a quien lo sustituya.
