¡Pero qué necesidad!
Por más que ahora traten de enderezar la nave, parece que el daño está hecho de manera irreversible: los datos no se pueden comparar, es decir, la historia parte de ahora en adelante.
Llevamos una semana de comentarios en la mayoría de los medios de comunicación impresos sobre el cambio en los criterios para medir el ingreso de los hogares, conocido como Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS2015), realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Más del 95% de dichos comentarios son para criticar lo ejecutado por el instituto autónomo, lo cual indica que algo hicieron mal en el proceso.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), principal usuario de dicha información, fue el que dio la señal de alarma al constatar las modificaciones aplicadas por el Inegi sin haber tenido la amabilidad, podríamos decirlo así, de platicárselo antes al Consejo. Y éste es uno de los principales puntos que pone en duda la actuación del instituto, ya que lo hecho por el Inegi rompe, entre otras cosas, la posibilidad de hacer comparaciones con años anteriores, que desde 2008 el Coneval venía reportando sobre la evolución de la pobreza con base en los datos que le proporcionaba el instituto.
Hasta ahora, la única explicación que se ha dado, tanto por el Inegi como por la Sedesol, es la referente a que los pobres mienten con respecto a su ingreso y, por tanto, se procedió a “eliminar los ingresos sospechosamente bajos y se trabajó en la concientización de los entrevistadores para mejorar la validación del ingreso”, según ha manifestado el director del instituto a los medios.
Entonces, partiendo de la afirmación de que los pobres mienten, se desarrolló toda una estrategia en la cual no sólo participaron los empleados del Inegi, sino también las dependencias ligadas al desarrollo social, aleccionando a las familias sobre cómo debían responder cuando llegaran a entrevistarlos.
Con esta nueva medición, los hogares pobres han elevado sus ingresos en 33%, contrastando con la media nacional que llegó al 20%. No se necesita ser genio de la economía para ver que algo raro hicieron, en un país donde el crecimiento del PIB no rebasa el 2% y el desempleo no se reduce.
Incluso esta misma semana aparece un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que menciona, por ejemplo, que en la Ciudad de México al casi 28% de la población no le alcanza para comprar comida. Adicionalmente, el estudio indica que cerca de 46% de los habitantes de esta ciudad sufrió para poder pagar la luz y el agua. Si esto ocurre a los habitantes de esta gran ciudad, ¿cómo es posible que los habitantes de las zonas pobres tuvieran esta mejora tan impresionante? Inclusive, el propio Coneval ha informado que el crecimiento del ingreso corriente trimestral promedio es de apenas tres por ciento.
Mas allá de las cifras y de lo que vaya a hacer el Coneval, que la próxima semana tiene que sacar su informe con base en los datos proporcionados por el instituto, lo que han hecho las autoridades, ya sea del Inegi o del gobierno federal, queriendo cambiar la realidad con datos manipulados es muy lamentable. Más aún, supuestamente el instituto y sus servidores públicos han tenido fama, e incluso reconocimiento mundial, por su trabajo y el anterior director dirigía un comité de estadística de las Naciones Unidas.
Lo que le ha costado a este país prestigiar una institución, y que por una decisión política, porque eso es en el fondo, echan por la borda años y años de trabajo y, además, entra en conflicto con otra institución que se ha prestigiado, a pesar de las críticas gubernamentales, como es el Coneval.
Es una pena que el gobierno federal trate, mediante la manipulación de datos, de mejorar su imagen, porque no da resultado, y una prueba de ello es lo que ha ocurrido durante la semana pasada.
Por más que ahora traten de enderezar la nave, parece que el daño está hecho de manera irreversible: los datos no se pueden comparar, es decir, la historia parte de ahora en adelante. Pero qué necesidad, como dice un conocedor de la política nacional de este régimen que come sano, variado y suficiente.
