Viacrucis aeroportuario

Sería conveniente que servidores públicos de la Secretaría de Turismo pudieran revisar con sus colegas el desastre que significa arribar de Latinoamérica al aeropuerto y pasar por él

Todos los días nos enteramos del desastre que es el aeropuerto de la Ciudad de México en sus dos terminales. Por una causa u otra los comentarios en la prensa, tanto escrita como en la radio y la televisión, son negativos y no digamos los de pasajeros porque igualmente se quejan. Estamos hablando de miles de personas nacionales y extranjeras que todos los días hacen uso de dichas terminales.

Todavía hay algo peor que los retrasos en los vuelos, por cierto cada día más frecuentes, a pesar de que en la mayoría de los casos las pantallas señalan eufemísticamente que el vuelo está “a tiempo”. Me refiero al trato que reciben todos aquellos que tienen la desgracia de llegar a la terminal 1, “la vieja”, como se le conoce popularmente, procedentes de algún país latinoamericano. Entonces sí es todo un viacrucis.

Empezando porque se llegue a la puerta, a que llegue el avión –donde por cierto comienzan los retrasos, debidos a que el operador de las puertas no llega puntual y hay que esperar minutos y minutos–, uno tiene que recorrer todo el aeropuerto subiendo y bajando escaleras, como si se tratara de un juego de escondidas, hasta llegar a un salón totalmente cerrado, sin ventanas, con varias bandas para equipaje.

Y aquí la espera es mínimo de 40 minutos, aunque pueden llegar a una hora o más, sin la menor oportunidad de sentarse, porque no hay silla alguna. Varias de las personas, por lo menos de las que me tocaron a mí el pasado domingo, eran de edad avanzada y, ni modo, todos parados. En ese salón están las oficinas de la Policía Federal, de la Interpol, de la Secretaría de Agricultura y también, muy bien ubicada al fondo y oscura, la de la Secretaría de la de Función Pública, eso sí, sin nadie en su interior.

Los extranjeros y los mexicanos que llegan por primera vez a esa sala no entienden los motivos del retraso y no hay una persona de alguna de las dependencias del gobierno ni, por supuesto, del aeropuerto que pueda explicar qué pasa.

¿No sería sencillo, si no quieren poner a una persona, que por lo menos hubiera un cartel que diga que como un procedimiento normal, las maletas se están revisando para buscar contrabando de droga, o lo que la Policía Federal, la PGR y quién sabe quién más esté haciendo al otro lado de las bandas?

Finalmente se abre la puerta de madera y empieza a salir un bloque de maletas y uno piensa que salen todas, pero no es así, sacan únicamente unas cuantas y hay que esperar varios minutos más para que salgan otras. Como para esos momentos se han juntado varios vuelos, se convierte en un ir y venir de pasajeros en busca de su equipaje y deben hacerlo rápido, ya que otra de las grandes ocurrencias es que del otro lado de la banda hay una segunda puerta de madera y está cerrada, con lo cual las maletas empiezan a chocar entre sí y a caer a un lado y al otro.

Y uno cree que por fin todo ha terminado. Pero ¡oh sorpresa! nos falta pasar por la Secretaría de Hacienda a través de aduanas para su revisión de las maletas y resulta que la cola para pasar es de más de 100 personas porque de los tres o cuatro aparatos de revisión que tienen sólo funciona uno, en momentos donde hay pasajeros de más de tres vuelos.

Ahí hay que pasar la maleta por el filtro y todavía después, apretar el botón para saber si revisan o no el equipaje; para esto ya ha pasado más de una hora. Si a uno se le ocurre preguntar a la señorita servidora pública de la SHCP por el nombre del funcionario encargado en ese momento, airadamente pregunta para qué, porque no puede dar el nombre de él, ni mucho menos el de ella.

Sería harto conveniente que servidores públicos de la Secretaría de Turismo pudieran revisar con sus colegas el desastre que significa arribar de Latinoamérica al aeropuerto y pasar por él. Y también sería muy conveniente, ahora que está de moda el humor social, que el gobierno le transmitiera a los servidores públicos del aeropuerto un poco de buen humor para atender a las personas ¿o habrá que esperar a 2020 con el nuevo aeropuerto?

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